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Edimburgo en Navidad

Navidad en Edimburgo

ENTRE LA NAVIDAD CRISTIANA Y EL PAGANISMO DEL HOGMANAY

La Navidad escocesa evidencia un estilo propio forjado entre la tradición cristiana y los rituales ancestrales

El alumbrado navideño trae el color a la tarde en Princes Street. Un popurrí de aromas y un festival de sensaciones deambula con la multitud, que bucea entre los puestos de artesanía y gastronomía. Diciembre se ha colado en la vida de los edimburgueses y su banda sonora se compone de villancicos que suenan en bucle constante. También la noria, instalada en el epicentro de la New Town, ha comenzado a girar con  la vorágine de la Navidad. Es entonces cuando los niños cargan la ilusión en la mirada y la emoción se instala entre residentes y viajeros.

Navidad en Edimburgo

La ciudad, a pesar de las gélidas temperaturas de estas fechas, se convierte en un lugar cálido, acogedor. Además del tradicional Mercado de Navidad Europeo de Princes Gardens y del Mercado Escocés, la agenda de estos días se completa con otros eventos que funden elementos propios de la tradición y la modernidad. El conocido como Street of Light (Calle de luz), es un buen ejemplo. Un espectáculo de luz y sonido, en el que una estructura de luces localizada en el corazón de George Street, parpadea sincronizadamente, al ritmo de la música de, por ejemplo, la Scottish Chamber Orchestra o la Royal Scottish National Orchestra.

Navidad en Edimburgo

Pero hubo un tiempo en el que la Navidad fue silenciada el Reino Unido, aunque se continuó cantando en susurros de clandestinidad. En 1644 el Parlamento prohibió la Navidad, alentado por las ideas puritanas del político, Oliver Cromwell, que la consideraba una absoluta aberración y derroche. Luego, en 1647 una ordenanza la aboliría definitivamente. Finalmente, en 1660 se levantaría las prohibiciones y en el siglo XIX la Reina Victoria mostraría su apoyo a los festejos de Pascua.

Navidad en Edimburgo

A pesar de todo, la conmemoración del nacimiento de Jesús de Nazaret no tuvo ya la misma relevancia, ni aceptación social en Escocia. Muy probablemente en esto influyó la aparición, en el siglo XVI, de la doctrina de la Iglesia Presbiteriana de Escocia, contraria a las costumbres católicas. En 1958, la Navidad se convertiría en día festivo nuevamente y poco a poco comenzaría a comercializarse con lo que representa y a contar con más respaldo social.

Hogmanay, la verdadera protagonista de la Pascua

Ante este panorama en el que Navidad fue censurada, los escoceses cambiaron las luces navideñas por el fuego vinculado al Hogmanay, que se popularizó más que el propio día de Pascua. Esta celebración es una de las más antiguas relacionadas con la Nochevieja y se cree que procede de la tradición de los vikingos de festejar el solsticio de invierno. En las latitudes nórdicas, el otoño y el invierno no solo son duros por la fuerte bajada de temperaturas, sino también por la escasez de luz solar. Por lo tanto, este acontecimiento es un momento de alegría, ya que los días se alargan y la primavera se acerca. La excusa perfecta para celebrar.

En la mayoría de culturas, el final del año genera un sinfín de rituales y supersticiones que buscan alejar la energía negativa, purificar y atraer la buena suerte para el nuevo ciclo. En este sentido, el Hogmanay también muestra algunos ejemplos. Precisamente, el fuego, tan importante en las tradiciones paganas (ya que se identifica con la purificación y el alejamiento de  los espíritus malignos) es el elemento central de la procesión de antorchas que se realiza el 30 de diciembre por la capital escocesa. Un evento que ilumina la urbe de fuego, desde la Old Town, hasta Calton Hill.

Procesión de antorchas en Edimburgo

El redding y las first footings son otras dos de las costumbres más conocidas. El primero se refiere a la limpieza, a conciencia, de la casa (sobre todo de las cenizas de la chimenea), así como el saldo de las deudas pendientes antes de que suenen las campanadas. La segunda hace referencia a las primeras visitas a casas de familiares y amigos, después de medianoche, para intercambiar regalos representativos. El shortbread (especie de polvorón o mantecado), la black bun (tarta tradicional de frutas) y, por supuesto, el famoso whisky escocés que ofrece la suerte al hogar, son algunos de los presentes que se intercambian. Cuenta la leyenda que el mejor regalo sería que la primera persona en entrar en un hogar (first footer) fuera morena y alta… ¡Entonces la fortuna estará asegurada!

Navidad en Edimburgo

En una ciudad literaria como Edimburgo y en la que se le tiene tanto cariño al escritor Robert Burns, debía haber una costumbre ligada a su figura para esta última noche del año y así es. La canción “Auld Lang Syne” autoría de el Bardo (como se apodaba el poeta), es la que los escoceses entonan con emoción y las manos enlazadas, después de que haya sonado la última campanada. Se trata de una pieza musical que rememora los viejos tiempos y es un canto a la amistad. Sin duda, la mejor manera de comenzar el recién estrenado año, con deseos de unión, fraternidad y un brindis  al grito de “cheers”, en una de las noches más especiales del año para los escoceses.

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