La Batalla de Bannockburn, la independencia escocesa

Rey escocés partiendo la cabeza al general inglés

Un hecho de especial interés, en esta ocasión histórico, va a ser a lo que voy a dedicar el presente escrito, intentando narrarlo de la mejor forma de la que sea capaz.

Puesto que en 2014 se celebró el septingentésimo aniversario de una de las batallas más importantes de la historia de Escocia, si no la que más: la batalla de Bannockburn, en la que este pequeño país recuperó la independencia de las manos de Inglaterra. Por cierto, que no creáis que no he tenido que buscar la palabreja de más arriba. No soy tan culto, así que desconocía la forma correcta de nombrar al 700 aniversario. Pero la verdad es que queda bien.

Pero vamos paso a paso. Si hubo una batalla en la que Escocia recuperó la independencia, es que ya lo era anteriormente, ¿no? Como es lógico, existieron una serie de acontecimientos anteriores a la batalla que condujeron a que ésta se disputara. Trataré de narrarlo de la forma más amena posible.

Todo comenzó con un problema dinástico. Alejandro III fue proclamado rey de Escocia en 1270, y bajo su reinado el país vivió un periodo de paz y prosperidad. Tras su muerte al caerse de su caballo en 1286 el trono lo heredó su nieta Margarita, quien por entonces sólo contaba con tres años de edad. Esto despertó el interés del rey de Inglaterra, Eduardo I, quien pretendía anexionar Escocia a su territorio y reinar en toda la isla. Se llegó a acordar un matrimonio entre su hijo Eduardo (futuro Eduardo II) y Margarita. La dama de Noruega, sobrenombre por la que es conocida, falleció poco tiempo después, cuando en 1290 emprendió un viaje en barco desde Noruega hacia Escocia, viaje al que no pudo sobrevivir debido a su frágil estado de salud. La línea dinástica murió con ella, y con ello nacieron las esperanzas de buena parte de los nobles escoceses de acceder a la corona.

Había no menos de trece pretendientes al trono, aunque en la práctica sólo dos tenían verdaderas posibilidades: Robert Bruce, Lord de Annandale; y John Balliol, Lord de Galloway. Ambos reclamaron su derecho a proclamarse rey, hasta que para finalizar las tensiones los nobles escoceses consultaron a su vecino el rey de Inglaterra para que les aconsejara de forma neutral. Debido a que Eduardo I, que no abandonaba sus antiguas pretensiones, tenía mucho más control sobre John Balliol que sobre Robert Bruce, su consejo fue que el primero debería ser el rey de Escocia. Y así se hizo: el 17 de noviembre de 1292 Juan I de Escocia accedió al trono.

Coronación John Balliol

Sin embargo, su reinado no fue un remanso de paz. Muy al contrario, tuvo muchos problemas debido a que para tomar cualquier decisión debía contar con la autorización de Eduardo I. Harto de las numerosas humillaciones a los que era sometido por parte de su vecino, John Balliol decidió cortar por lo sano y buscó una alianza con Francia, que por aquel entonces era el mayor enemigo de Inglaterra. A Eduardo I esta decisión no le sentó nada bien, y decidió invadir Escocia en 1296, quitar a John Balliol y proclamarse él mismo como rey. Aquí tenemos la respuesta a la pregunta que planteaba al principio del escrito de por qué no era independiente Escocia. En realidad ya no lo era desde que John Balliol ascendió al trono ya que éste era un títere del rey de Inglaterra. Menos aún cuando Eduardo I se hizo con el control absoluto de Escocia.

Aquí comienza el periodo histórico que se ha denominado como las Guerras de Independencia de Escocia. El martillo de los escoceses, sobrenombre por el que se conoce a Eduardo I, fue un rey tirano y ahogó a la población con altos impuestos y la humilló con, entre otras cosas, el robo de la Piedra del Destino, piedra sobre la que se habían coronado hasta entonces todos los reyes de Escocia y que desde que fue robada sirvió para la coronación de los reyes ingleses.

Los escoceses no aceptaron fácilmente esta nueva situación. De entre todos ellos surgió un personaje que lideró la lucha de su país por recuperar lo que era suyo: la libertad. Estoy hablando de William Wallace. Este hombre, conocido mundialmente gracias a la película Braveheart, fue nombrado Guardián de Escocia gracias a su victoria sobre el ejército inglés en la batalla de Stirling, en 1297. Muchos de los nobles escoceses y buena parte de la población se sumaron a su causa, pero finalmente su lucha por la libertad terminó en 1305 cuando fue capturado y ejecutado tras un juicio por traición en Londres. Como anécdota, decir que en su defensa manifestó que él no había traicionado a nadie puesto que jamás le había jurado lealtad a Eduardo I, que Escocia no tenía rey. En su ejecución, que consistió en una tortura encaminada a que confesara su supuesto delito de traición, la única palabra que salió de sus labios fue Libertad.

La persona que tomó el testigo de la lucha por la libertad de Escocia fue el antiguo pretendiente al trono, Robert Bruce. Aunque fue coronado en 1306 como Roberto I, en realidad era un rey al que le faltaba el reino. Sin embargo, Eduardo I no tardó en reaccionar y mandó una expedición tras Robert Bruce que le obligó a huir al norte, continuando la lucha de forma clandestina de manera similar a como lo hizo William Wallace. La fuerza de Robert Bruce aumentó cuando Eduardo I falleció en 1307. Su hijo Eduardo II, mucho más débil, le sucedió en el trono y ordenó la retirada de la mayor parte de las tropas inglesas, lo que aprovechó Bruce para promover insurrecciones y a modo de guerrilla atacó a los destacamentos ingleses que quedaban en Escocia. Eduardo II reaccionó y mandó tropas para controlar la insurrección, dando como resultado que en 1310 Inglaterra volvía a controlar la zona.

Coronación de Robert the Bruce de Escocia

No se rindió Robert Bruce, y en 1313 volvió a atacar castillo tras castillo y a conquistarlos todos. Sin embargo, la toma del castillo de Stirling le trajo más problemas, ya que se trataba del más importante de la zona. Edward Bruce, hermano del rey, asedió durante meses la fortaleza, tratando de que cayera por hambruna. A pesar de ello, supongo que harto de la situación, llegó a un acuerdo en primavera de 1314 con el gobernador del castillo, Sir Philip Mowbray, en el cuál se especificaba que si el 24 de junio no habían recibido refuerzos, el castillo sería finalmente entregado a Escocia.

Eduardo II se preparó al conocer la noticia. Reunió un descomunal ejército de unos 3.000 caballeros y unos 16.000 soldados de infantería, y marchó sobre Stirling confiando en llegar antes de que el plazo venciera. Por su parte el ejército de Robert Bruce apenas llegaba a los 6.000 soldados y los 500 caballeros, y mucho peor equipados. Estos son los ingredientes de la batalla de Bannockburn, contienda que se desarrolló en los campos de dicho nombre durante los días 23 y 24 de junio de 1314.

Por tanto ha llegado la hora de que empiece a comentar los hechos de dicha batalla, tema central de este escrito. Robert Bruce no perdió el tiempo en los días anteriores a la llegada de las tropas comandadas por el mismísimo Eduardo II. Muy al contrario se dedicó a preparar las estrategias que pensaba llevar a cabo si la contienda finalmente se disputaba. Él esperaba que las tropas inglesas llegaran por la antigua calzada romana, por lo que pensaba colocar sus posiciones en consecuencia, dividiéndolas al abrigo del bosque cercando dicho camino. Sabía que sus tropas poco tenían que hacer ante las inglesas en campo abierto, así que su planteamiento fue trasladar el campo de batalla a una estrecha franja de terreno para que los ingleses se movieran con dificultad. Confiaba igualmente que sus schiltrons (un grupo de hombres que formaban un círculo llevando 15 picas, y entrenados para marchar constantemente en esa posición y así formar un muro de lanzas impenetrable) pudieran repeler el empuje de la caballería inglesa.

Picas escocesas en la batalla

Dentro de los bosques, Robert Bruce ordenó que se bloquearan todos los caminos con ramas y que se cavaran fosos de unos tres metros que serían cubiertos con palos, intentando obligar así al ejército inglés a que avanzara por el camino que él había dispuesto como mejor terreno para la batalla. En efecto, los fosos eran unas potentes trampas anticaballería y serían evitados por los caballeros.

Campo de Batalla de Bannockburn el 23 de Junio 1314

El ejército de Bruce estaba formado principalmente por infantería provista de largas lanzas, y dividido en tres formaciones principales. Posiblemente llevaran además un casco, guantes y una gruesa chaqueta acolchada hasta las rodillas. Además contaba con un muy pequeño grupo de caballeros y una fuerza remanente en el campamento base. Por su parte, Eduardo II había llevado a la batalla una fuerza de caballeros que por sí solos ya eran la mitad del total del ejército escocés, auténticos tanques de la época ya que tanto jinetes como caballos contaban con armadura. A ésta se añadía un nutrido grupo de los temidos arqueros galeses y el resto de la infantería perfectamente equipada.

Batalla de Bannockburn, Escocia

En realidad Robert Bruce no era tan temerario como su compatriota William Wallace. Al saber del despliegue ofensivo de su vecino su primera intención fue negociar un acuerdo, planteándose mediante éste aceptar ser vasallo de Eduardo II pero con cierta libertad para gobernar su país. Sin embargo, la mañana del 23 de junio de 1314, en lugar de rendir armas, Robert Bruce lo que hizo fue recordar las gestas de William Wallace y cambió de opinión. Lo que hizo fue poner en la mente de sus compatriotas el nombre de su héroe, y su lucha por la libertad. Y con este sentimiento en la mente de los escoceses, Robert Bruce cargó.

Y así es como comienzan los acontecimientos del primer día de la batalla. El primer choque por parte de la caballería inglesa fue brutal. Sin embargo, la acción de los schiltrons fue vital: consiguieron menoscabar buena parte de esa caballería. En este primer combate ocurrió uno de los episodios más memorables de la historia de Escocia, episodio éste que habría cambiado el curso de la batalla si el desenlace hubiese sido distinto. Uno de los caballeros ingleses, Henry de Bohun, divisó a cierta distancia a Robert Bruce montado en su pequeño caballo. Deseoso de la gloria y el placer de acabar con la batalla a las primeras de cambio, no dudó en bajar su lanza y emprender una carga mortal, al estilo de las justas entre caballeros. Bruce, que llevaba armadura, sólo disponía de un hacha pequeña como arma. Al ver al caballo de guerra de Bohun avanzar hacia él, el rey se mantuvo firme y cuando sólo les separaban unos pocos metros se giró para evitar la lanza, se puso de pie en los estribos y con un golpe fuerte y preciso de su hacha partió el casco y la cabeza del caballero en dos. Este notable encuentro sirvió como un verdadero símbolo de la batalla inminente y por su parte, Robert Bruce, aunque reprendido por sus comandantes por el riesgo que acababa de tomar, sólo lamentó que había roto el mango de su hacha favorita.

Rey escocés partiendo la cabeza al general inglés

Alentados por este acto de heroicidad, los escoceses cargaron aún con más fuerzas sobre los ingleses. Después de un violento combate los caballeros ingleses se vieron obligados a la retirada para reorganizarse y aunque el ejército escocés estaba deseoso de avanzar tras ellos, fueron retenidos por orden de Bruce. Mientras tanto, otra fuerza de caballeros ingleses trataba de avanzar por el este de la batalla para alcanzar Stirling. Robert Bruce vio el movimiento y ordenó a su comandante el conde de Moray interceptarlos, lo que consiguió gracias a las formaciones de piqueros en círculos que comentaba anteriormente. El primer día de batalla había terminado, y los escoceses se retiraron a su campamento a celebrar su victoria. Aunque en realidad lo más duro estaba por llegar, ya que la ventaja inglesa era todavía muy considerable, este primer día terminó con la sensación para los escoceses de que la victoria era posible. Su moral no podía estar más alta.

Campo de Batalla de Bannockburn el 24 de Junio 1314

Esa noche, un joven caballero entró en el campamento de Robert y pidió hablar con el rey. Quería cambiar de bando, y el escocés aceptó. Para Bruce, al contrario de lo que era normal en aquella época, el pensamiento y los consejos de sus hombres eran tan importantes como los suyos propios. Así que rodeado de sus comandantes le preguntó al joven sobre la situación del ejército inglés, a lo que éste contestó que la desmoralización era importante y que muchos estaban descontentos con la pobre estrategia de Eduardo II. A la pregunta de si debían seguir luchando, el joven contestó que sí, lo que fue el último estímulo que Bruce necesitaba.

Poco después del amanecer del 24 de junio de 1314, las tropas de piqueros de los escoceses habían comenzado a avanzar hacia el campamento inglés. Cuando Eduardo II los divisó, se sorprendió al ver que se arrodillaron a rezar. El rey estalló entonces en carcajadas creyendo que le suplicaban misericordia, a lo que uno de sus asistentes contestó: “Misericordia sí, pero la de Dios, no la vuestra. Ellos vencerán o morirán”.

Ante esta situación, Eduardo II ordenó a su comandante el conde de Gloucester cargar con su división de caballeros contra el enemigo. Pero fue una carnicería: los caballos se estrellaron contra la gran cantidad de picas del ejército escocés. El propio conde de Gloucester murió empalado. Los caballeros que quedaban iniciaron una retirada desorganizada, pero mientras tanto la infantería inglesa intentaba avanzar. El mismo tamaño del ejército, descomunal, dificultaba mucho su movilidad así que llegaron tarde: los escoceses persiguieron a los caballeros y la sangría fue total.

Batalla de Bannockburn, Escocia

Llegados a este punto, la lucha entre la infantería de ambos ejércitos llegó a su momento álgido. Había tal masa de soldados que el que se cayera corría el riesgo de morir aplastado o asfixiado. Mientras tanto, los arqueros galeses e ingleses, tan temidos, no se atrevían a disparar pues podrían acertar tanto a amigos como a enemigos. Finalmente Eduardo II, desesperado, ordenó a dichos arqueros que comenzaran los disparos, pero Robert Bruce, que tenía esto previsto, reaccionó rápidamente ordenando a sus caballeros, que todavía no habían entrado en combate, la dispersión total de la arquería inglesa.

Cuando las divisiones inglesas empezaban a romperse, un grito se escuchó desde la retaguardia escocesa: “A la carga, a la carga, hacedlos caer”. Eran la infantería de reserva de Robert Bruce, que hasta entonces había permanecido en el campamento. Esto provocó la total desmoralización del ejército inglés y su huida. El mismo Eduardo II emprendió la huida al galope, sobre las tres de la tarde. El destino de la batalla estaba sellado.

En la huida de los ingleses, muchos murieron aplastados por sus compañeros o ahogados al intentar cruzar el río Forth o el Bannocknurn. Se dice que había tantos cuerpos sobre este río que se podía cruzar andando sobre ellos. En cuanto a Eduardo II, logró llegar al castillo de Dunbar desde tomó un barco que le llevó a Inglaterra. Finalmente murió asesinado en 1327, pero ésa es otra historia.

Tumba de Eduardo II

A pesar de que hay historiadores que lo niegan rotundamente, existen una serie de escritos que demuestran que caballeros templarios participaron en esta batalla, situándose del lado escocés. Incluso el más contundente es un escrito inglés, en el que se afirma que en medio de la batalla un grupo de caballeros, ataviados con el uniforme de la orden y portando su estandarte les atacó.

Para Escocia, sin duda esta batalla ha supuesto uno de los más grandes triunfos de su historia. Robert Bruce, que durante dieciocho años luchó por una causa que se creía imposible, logró finalmente su victoria. Eduardo II tuvo todo el poder militar de Inglaterra a sus espaldas, pero finalmente no fue rival ante un grupo de luchadores que pelearon por la libertad de su país.

Aunque la realidad es que Inglaterra no reconoció la independencia de Escocia hasta 1328, la batalla de Bannockburn fue la que sentó las bases de dicha independencia. Presentó ante los escoceses a un rey fuerte y a la vez cercano al pueblo, y expulsó a los ingleses de su territorio. La fecha en la que Inglaterra reconoció a Escocia como su igual no tiene la menor importancia, ya que dicha independencia había quedado demostrada en el campo de batalla. Una curiosidad es que uno de los himnos extraoficiales de Escocia, Flower of Scotland, se refiere a la victoria de Robert Bruce sobre Eduardo II en esta contienda.

El lugar de la batalla se puede visitar hoy en día como una atracción turística, una de las más populares de la zona. Aquí se pueden encontrar el monumento de Bannockburn y la estatua de Robert Bruce, ésta de 1960. Recientemente, en 2012, se ha remodelado el centro de visitantes, que cuenta con la última tecnología disponible, incluyendo proyecciones en 3D.

Como decía al principio del escrito, durante los días 23 y 24 de junio de 2014 se cumplió el septingentésimo aniversario de esta batalla. Las celebraciones que se programaron fueron espectaculares, pero quizás la que más fue una representación en vivo de la propia batalla. Miles de voluntarios, ataviados y armados como en la época, repetieron los aspectos más notables del conflicto a lo largo de dos días. Fue un espectáculo digno de ver.

Si has conseguido leer todo esto y te ha llegado a interesar, no lo dudes. La visita al campo de la batalla de Bannockburn es un espectáculo que no olvidarás. Pero como siempre digo, si no es esto lo que te interesa, no tiene importancia. Escocia tiene mucho que ofrecer y, si vienes, no te arrepentirás.

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