La reina del invierno, Beira

Cailleach Bheara, Reina del Invierno

Comienzo en este artículo una serie de escritos dedicados a mitos y leyendas de Escocia, casi tan antiguos como la misma tierra de este bello país. No significa esto que vaya a abandonar los artículos dedicados a la historia real, las costumbres o cualquier otro de los temas que he tratado anteriormente, sino que mi intención es ir intercalándolos con algunas de estas bonitas leyendas que no pertenecen a nadie, pues forman parte del folklore popular. Quiero dejar claro, por tanto, que estas historias no son invención mía sino que mi escaso mérito se reduce a hacer una recopilación de ellas, y por supuesto a una traducción algo libre. Empiezo por tanto por contar la historia de la Reina del Invierno, que se llama Beira y también Cailleach Bheara, en la que descubriremos cómo se formaron las montañas, valles y lagos que podrás descubrir si decides viajar a Escocia.

La oscura Beira era la madre de todos los dioses y diosas de Escocia. Tenía una gran estatura y era muy muy vieja, y todo el mundo la temía. Cuando se enfadaba era tan feroz como el cortante viento del norte y tan dura como una tempestad en el mar. Cada invierno gobierna como la reina de las cuatro divisiones rojas del mundo, y nadie nunca disputó su influencia. Pero cuando la dulce primavera se acercaba, sus súbditos comenzaban a rebelarse y a anhelar la llegada del Rey del Verano, Angus del Blanco Corcel, y Novia, su bella reina, que eran amados por todos porque eran los portadores de la abundancia y de los días luminosos y felices. Enfurecía enormemente a Beira ver cómo su poder fallecía, y hacía todo lo posible para prolongar la temporada del invierno, mandando tormentas primaverales y heladas que mataran las primeras flores y evitaran que la hierba creciera.

La reina del Invierno, Escocia

Beira vivió por cientos y cientos de años. La razón por la que no moría de vieja era porque, al inicio de cada primavera bebía de las mágicas aguas de la Fuente de la Juventud, que se puede encontrar en la Isla Verde del Oeste. Era ésta una isla flotante donde la única estación era el verano, y los árboles siempre brillaban con flores y cargados de fruta. La isla iba a la deriva sobre las plateadas mareas del Atlántico, y en ocasiones aparecía en las costas occidentales de Irlanda y, a veces, cerca de las Islas Hébridas. Muchos intrépidos marineros han buscado la Isla Verde en vano. En una mañana tranquila se puede pasar de largo cerca de sus costas sin saber que está al alcance de la mano, o también puede ser envuelta en la niebla en una abrir y cerrar de ojos. Algunos hombres han contemplado sus orillas, pero mientras miraban sus bellezas asombrados, han visto cómo de repente desaparecía bajo las olas como lo hace el sol poniente. Beira, sin embargo, siempre sabía dónde encontrar la Isla Verde cuando llegaba la hora de que la visitara.

Las aguas de la Fuente de la Juventud tienen más efecto cuando los días comienzan a ser más largos y su momento más poderoso coincide con el primer día de la primavera. Beira siempre visitaba la isla la noche antes a este día, es decir, en la última noche de su reinado como la Reina del Invierno. Sola en la oscuridad se sentaba junto a la Fuente, esperando el amanecer. Cuando el primer rayo de luz aparecía en el cielo del este, bebía el agua que brotaba fresca por una grieta en la roca. Era necesario que ella bebiera de esta agua mágica antes de cualquier ave visitara la Fuente y antes de que cualquier perro ladrara. Si un ave bebía antes que ella, o si un perro ladraba antes que ella comenzara a beber, la oscura y vieja Beira se convertiría en polvo.

Cailleach Bheara, Reina del Invierno

Tan pronto como Beira bebía el agua mágica, sola y en silencio, ella empezaba a volverse joven de nuevo. Salía de la isla y, de regreso a Escocia, caía en un sueño mágico. Cuando, al fin, se despertaba, bajo un sol radiante, se levantaba como una muchacha hermosa con el pelo largo y amarillo como campos de trigo, las mejillas rojas como bayas de serbal y los ojos azules que brillaban como el mar de verano a la luz del sol. Luego iba de aquí para allá a través de Escocia, vestida con una túnica de color verde y coronada con una guirnalda de flores brillantes con muchos matices. No se podía encontrar diosa más hermosa en toda la tierra, salvo Novia, la reina sin par del Verano.

Sin embargo, a medida que los meses pasaban, Beira envejecía rápidamente. Ella alcanzaba la plenitud como mujer en mitad del verano, y cuando llegaba el otoño su ceño se arrugaba y su belleza empezaba a desvanecerse. Cuando el invierno regresaba una vez más, ya era una bruja vieja y marchita, y su reinado como la feroz Beira comenzaba.

Beira, Reina del invierno, Escocia

A menudo, en las noches de tormenta de principios de invierno ella se lamentaba, cantando esta canción triste:

¡Oh la vida que mengua como el mar!
estoy cansada y vieja, estoy cansada y vieja.

Soy la vieja Beira de nuevo,
mi manto ya no es verde,
pienso en mi belleza con dolor,
y en los días en que otra era la reina.

Mis brazos son delgados y marchitos,
mi pelo antes de oro es ahora gris;
es invierno, mi reinado comienza;
la juventud del verano se ha desvanecido.

La juventud del verano y otoño han huido,
Estoy cansada y vieja, estoy cansada y vieja.
Cada flor debe desaparecer y morir,
Cuando los vientos soplan fríos, cuando los vientos soplan fríos.

Era temible mirar a la vieja Beira. Tenía un solo ojo, pero su visión era afilada y penetrante como el hielo y tan rápida como los peces del océano. Su tez era de un azul oscuro opaco, y así es como ella cantó sobre ello:

¿Por qué es mi rostro tan oscuro, tan oscuro?
Tan oscuro, ¡oho! tan oscuro, ¡ohee!
En todos los climas vago sola
En el fango, en el frío, ¡yo!

Sus dientes eran rojos como el óxido, y sus cabellos, que caían pesadamente sobre sus hombros, eran blancos como un álamo cubierto de escarcha. En la cabeza llevaba un pañuelo manchado. Su ropa era gris, aunque nunca fue vista sin su gran chal de color pardo, que se ceñía estrecho sobre sus hombros. 

Se cuenta que en los días en que el mundo era joven Beira vio tierra donde ahora hay agua y agua donde ahora hay tierra, tal era su edad. Una vez que un mago le dijo le dijo: «Dime tu edad, anciana», Beira le respondió: «Desde hace mucho tiempo que he dejado de contar los años, pero te diré lo que he visto. Allá está la embrujada roca de Skerryvore en el medio del mar, recuerdo cuando era una montaña rodeada de prados. Vi los campos arados, y la cebada que crecía sobre ellos era fuerte y jugosa. Allá hay un lago. Recuerdo cuando era un pequeño manantial. En esos días yo era una niña hermosa, y ahora soy muy vieja y frágil y oscura y miserable».

Se dice también que Beira dejó libres muchos ríos y se formaron muchos lagos, a veces voluntariamente y otras veces en contra de su voluntad, y que ella también dio forma a muchas montañas y cañadas. Incluso se dice que todas las colinas de Ross-shire han sido hechas por Beira.

Había una vez un pozo en Ben Cruachan, en Argyll, del que Beira bebía a diario. Cada mañana al amanecer levantaba la losa que lo cubría, y cada tarde a la puesta del sol la colocaba encima de nuevo. Sucedió que una noche se olvidó de tapar el pozo. Entonces el orden de las cosas fue perturbado. Tan pronto como el sol se puso el agua subió en gran volumen y corrió por la ladera de la montaña, rugiendo como una tempestad en el mar. Cuando amaneció, Beira encontró que el valle de abajo estaba lleno de agua. Fue así como el Loch Awe nació.

Ben Cruachan, Escocia

Lago Awe, Escocia

Beira tenía otro pozo en Inverness-shire que también tenía que estar cubierto desde que el sol se ponía hasta que volvía a salir. Una de sus doncellas, cuyo nombre era Nessa, estaba encargada de este pozo. Una noche ocurrió que la doncella llegó tarde a su tarea de cubrir el pozo. Cuando se acercó vio cómo el agua brotaba tan rápido que se dio la vuelta y corrió, temiendo por su vida. Beira la observaba desde la cima del Ben Nevis, que era donde se encontraba su trono, y bramó: «Has descuidado tu deber. Desde ahora correrás para siempre y nunca dejarás de ser agua». De inmediato la doncella se transformó en un río, y el lago y el río que se extiende desde aquí hasta el mar recibieron su nombre de ella. Es por eso que el lago se llama lago Ness y el río, río Ness.

Una vez al año, cuando el calendario regresa a la noche en la que ella se transformó, Ness (Nessa) surge del río en su forma de chica, y canta una dulce y triste canción a la luz de la luna pálida. Se dice que su voz es más clara y más bella que la de cualquier ave, y que su música es más melodiosa que las arpas de oro y las plateadas gaitas de los cuentos de hadas.

Lago Ness, Escocia

En los días en que los ríos eran libres y los lagos se hicieron, Beira se propuso construir las montañas de Escocia. Cuando trabajaba llevaba a la espalda una gran cesta lleno de rocas y tierra. A veces, mientras saltaba de colina en colina su cesta se inclinaba hacia un lado, y las rocas y la tierra caían de ella en los lagos y se formaban islas. Se dice de muchas islas que se han formado por «derramamientos de la cesta de la gran vieja». Beira tuvo a su servicio a ocho brujas. También llevaban cestas, y una tras otra vaciaban sus cestas hasta que una montaña alcanzara las nubes.

Una de las razones por las cuales Beira hizo las montañas era para usarlas como peldaños; otra era proporcionar casas para sus hijos gigantes. Muchos de sus hijos eran muy peleones; luchaban continuamente entre ellos. Para castigar a los que la desobedecían, Beira los encerraba en casas en las montañas, y de ahí no podían escapar sin su permiso. Pero esto no impedía que pelearan. Todas las mañanas se subían a la parte superior de sus casas de montaña y se arrojaban grandes piedras. Es por eso por lo que ahora se encuentran tantas grandes piedras en pendientes pronunciadas y se dispersan a través de los valles. Otros hijos gigantes de Beira habitaban en lo profundo de las cuevas. Algunos tenían cuernos como los ciervos, y otros tenían muchas cabezas. Tan fuertes eran que podían coger al ganado y, sobre sus hombros, llevarlo a asar para comerlo. Cada hijo gigante de Beira era llamado un Fooar.

Fue Beira quien construyó Ben Wyvis. Lo encontró una tarea difícil, porque tenía que hacer todo el trabajo sola ya que sus siervas brujas estaban ocupadas en otros lugares. Un día en el que estaba muy cansada, tropezó y su cesta volteó. Todas las rocas y la tierra que contenía cayeron en un montón, y formaron la montaña que es llamada Pequeño Wyvis.

Ben Wyvis, Escocia

La única herramienta que usaba Beira era un martillo mágico. Cuando ella golpeaba suavemente en el suelo la tierra se volvía tan dura como el hierro; si por el contrario golpeaba con fuerza se formaba un valle. Tras construir una montaña, le daba una forma especial astillando las rocas con su martillo. Si hubiese hecho todos los cerros de la misma forma, no habría sido capaz de distinguir unos de otros.

Después de que todas las montañas fueron formadas, Beira se deleitaba vagando entre ellas y sobre ellas. Siempre era seguida por animales salvajes. Los zorros ladraban de alegría cuando la veían, los lobos aullaban para saludarla, y las águilas gritaban en el aire. Beira tuvo grandes manadas y rebaños a las que le dio su protección: ágiles ciervos, ganado con grandes cuernos, cabras grises peludas, cerdos negros y ovejas que tenían lana tan blanca como la nieve. Ella lanzaba encantamientos a sus ciervos para que evitaran a los cazadores, y cuando los visitaba en los bosques les ayudaba a escapar de ellos. Durante el comienzo del invierno ordeñaba a su ganado en las cimas de las montañas, pero cuando los vientos se levantaban tan fuertes que la espuma volaba del cubo de ordeñar, lo conducía hacia los valles. La espuma se congelaba en las crestas de las colinas altas, y allí yacía hermosa y blanca como nieve. Cuando los torrentes de invierno comenzaban a caer sobre las laderas de las montañas, saltando de cornisa en cornisa, el pueblo decía: «Beira está ordeñando a sus peludas cabras, y chorros de leche se están derramando por las rocas».

Beira lavaba su gran chal en el mar, pues no había ningún lago lo suficientemente grande para este propósito. El lugar que elegía para su lavado era el estrecho entre las islas occidentales de Jura y Scarba, Hay allí un remolino que se conoce como Corryvreckan. Se llama así porque el hijo de un rey escocés, llamado Breckan, se ahogó en él, después de que su barco fuese derrotado por las olas levantadas por Beira.

El remolino de Corryvreckan, Escocia

Tres días antes de que la Reina del Invierno comenzara su trabajo, sus sirvientes preparaban el agua para ella, y el Corryvreckan podía ser oído bufando y humeando en veinte millas a la redonda. Al cuarto día Beira arrojaba su chal en el remolino, y lo sujetaba con sus pies hasta que el borde se desbordaba con espuma. Cuando terminaba el lavado ponía su chal sobre las montañas para que se secara, y cuando llegaba el momento de recogerlo todas las montañas de Escocia estaban blancas con nieve para indicar que la gran Reina había comenzado su reinado.

EEl remolino de Corryvreckan, Escocia

Ya veis, el propósito de esta historia es establecer que Beira es el espíritu del invierno. Ella se hace mayor y más feroz a medida que pasan las semanas, hasta que al fin se gasta su fuerza. Luego se renueva su juventud, para que ella pueda vivir durante todo el verano y el otoño y comenzar a reinar una vez más. El antiguo pueblo de Escocia veía que al principio del invierno caían torrentes por las colinas, y expresaron su creencia de que los torrentes eran creados por la Reina de Invierno, y que los lagos estaban, al principio, formados por las aguas que surgieron de los pozos mágicos. Vieron grandes rocas situadas en laderas y en los valles, y entendieron que su presencia en estos lugares se debía a que fueron arrojados desde las cimas de las montañas por los hijos gigantes de Beira.

En el próximo capítulo de esta historia será contada la llegada de Angus y Novia, el Rey y la Reina del Verano y la abundancia, y de los conflictos librados durante las últimas semanas del invierno y las primeras semanas de la primavera entre Beira y Angus el Siempre Joven, que proviene de la legendaria Isla Verde del Oeste, la tierra del eterno verano y la juventud perpetua.

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