La Revolución Gloriosa en Escocia

La revolución gloriosa

Los dos próximos escritos los voy a dedicar a uno de los períodos históricos más importantes de Escocia. El presente escrito tratará sobre la Revolución Gloriosa, nombre que se le dio a unos acontecimientos ocurridos a finales del siglo XVII con el objetivo de derrocar a Jacobo VII de Escocia y II de Inglaterra e Irlanda, católico, para poner en su lugar a un rey protestante. Es un término que es posible que escuches si decides viajar a Escocia, aunque sin duda es mucho más utilizada la expresión Levantamientos Jacobitas, rebeliones que tuvieron por objetivo restituir a Jacobo en el trono, y sobre las que hablaré en el próximo artículo. Pero como suelo decir cuando escribo sobre hechos históricos, hay que empezar por el principio, es decir, por los antecedentes.

Jacobo II de Inglaterra e Irlanda y VII de Escocia accedió a dichos tronos el 6 de febrero de 1685. Era hermano del anterior rey, Carlos II, y ya una persona de avanzada edad cuando se convirtió en monarca pues contaba con 51 años. Lo verdaderamente importante de su reinado para este artículo es que Jacobo era católico, de hecho el primer monarca católico que reinaba en Inglaterra desde que lo hiciera María I Tudor, la hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón, que falleció en 1558. Como curiosidad, también fue el último hasta el presente día.

Jaime II 1633-1701
Jaime II 1633-1701

Jacobo tuvo un reinado corto, de sólo tres años, y fue víctima de diversas batallas políticas durante su corto reinado. Por un lado entre católicos y protestantes y por otro, entre el derecho divino de la Corona, proclamado por Enrique VIII, y los derechos políticos del Parlamento. El gran problema que tenía el Estuardo es que era católico, lo que le dejaba en una posición contraria a la de los partidos en el Parlamento, los del Partido Liberal y los del Partido Conservador, comúnmente conocidos como whig y tories respectivamente. Los únicos apoyos de los que disponía Jacobo cuando heredó el trono eran los tories del alto clero anglicano. Por aquél entonces la cosa no pasaba a mayores debido a que la hija de Jacobo y heredera del trono era María, nacida en 1662 y educada como protestante durante el reinado de su tío Carlos II, y que ya tenía 23 años de edad cuando su padre accedió al trono, a lo que se añadía que estaba casada desde 1677 con el también protestante Guillermo de Orange.

Pero Jacobo quería imponer su catolicismo. Su intento de relajar las leyes penales puso a sus seguidores naturales en su contra, debido a que lo vieron como un intento de desestabilizar la estructura de la Iglesia de Inglaterra. En 1686 obligó al Banco de la Corte del Rey a decidir que el monarca podía dispensar las restricciones religiosas impuestas desde las Actas de la Prueba. Ordenó el cambio del Obispo anticatólico de Londres, Henry Compton, y quitó a los protestantes a cargo del Magdalen Collegue, en Oxford, para reemplazarlos por católicos. Creó también un gran ejército permanente, dándole las posiciones de poder a los que profesaban su religión. El ejército de Irlanda fue purgado de protestantes, que fueron reemplazados por católicos, y en 1687 Jacobo ya tenía más de 34.000 hombres armados en sus tres reinos.

Jacobo se quedó sin las alianzas que tenía en el Parlamento y quiso formar un tercer partido, el Partido del Rey, aliándose con los católicos, los disidentes y los no conformistas (estos dos últimos grupos formados por protestantes no conformes con la Iglesia de Inglaterra), así que en 1687 apoyó la tolerancia religiosa y emitió la Declaración de Indulgencia, que promovía la libertad de culto. Al año siguiente la volvió a emitir con una pequeña ampliación, y ordenó a todo el clero a que se leyese en sus iglesias. Las protestas del Arzobispo de Canterbury y de otros seis Obispos sólo sirvieron para que fuesen juzgados, aunque finalmente fueron exonerados por los vítores de la multitud en Londres. Pero el detonante final llegó ese mismo año. Jacobo tuvo un hijo el 10 de junio de 1688, Jacobo Francisco Eduardo Estuardo, que según las leyes de la época pasaría a ser su heredero directo, antes que su hermana María, así que la perspectiva de que una dinastía católica se perpetuara en las Islas Británicas empezaba a ser bastante probable. La conspiración para derrocar al Rey se inició ese mismo mes, lanzada desde Old Whittington, en Chesterfield, Derbyshire, aunque todavía no está nada claro si esta conspiración nació a iniciativa de los ingleses o a la de María y Guillermo.

Guillermo de Orange, el yerno del Rey Jacobo, era el Estatúder holandés, un cargo político de este país que conllevaba funciones ejecutivas. En la época que nos ocupa Guillermo ya había adquirido una gran fama de ser el principal paladín de Europa en la causa protestante contra el catolicismo y el absolutismo francés. Antes del nacimiento del hijo de Jacobo II y VII en 1688 ya era el tercero en la línea de sucesión al trono, debido a que tanto él como su mujer eran nietos de Carlos I, el padre de Jacobo (y por tanto eran primos). Sí, ya sé que esto parece Falcon Crest, pero es lo que había en la época. Guillermo había estado intentando influenciar la política religiosa inglesa, manteniendo desde el verano de 1687 correspondencia secreta con los principales líderes whig, aunque sin comprometerse a ninguna acción definida. Sin embargo se comprometía a, de acceder al trono, ser un monarca con moderación en el uso de los poderes reales, algo que iba acorde con sus ideas contrarias al absolutismo. En abril de 1688 ya estaba considerando seriamente la posibilidad de una intervención militar en Inglaterra, aunque su principal temor era que esta intervención se viera como una invasión extranjera.

Guillermo III de Inglaterra
Guillermo III de Inglaterra

Guillermo pidió a su hombre de confianza, Hans Willem Bentinck, que lanzara una campaña propagandística en Inglaterra, en la que se presentaría al holandés como un auténtico Estuardo, pero uno libre de los vicios de los Estuardo, esto es, el catolicismo, el absolutismo y la corrupción. Preparó además una invitación formal por parte de siete personas notables, conocidos como los Siete Inmortales, los cuáles le pidieron a Guillermo mediante una carta que forzara a su suegro a nombrar heredera a María, mediante intervención militar. En la misiva se le decía que si se presentaba en Inglaterra con un pequeño ejército los firmantes y sus aliados le apoyarían, y le daban consejos estratégicos sobre la supuesta llegada de las tropas. Exponían también los motivos de las quejas contra Jacobo, además de las sospechas de que el hijo recién nacido no era en realidad suyo, sino un bebé llevado a la habitación de la Reina para sustituir al -decían ellos- nacido muerto. El siguiente problema para Guillermo era reunir una fuerza invasora. Tras difíciles negociaciones con el burgomaestre de Amsterdam alquiló 260 transportes y llegó al acuerdo de guarnecer las fronteras holandesas con 14.000 mercenarios alemanes (temiendo un ataque francés) y liberar un ejército similar de tropas de élite holandesas para ser utilizadas en la invasión de Inglaterra.

Reina Maria II
Reina Maria II

Las preparaciones, realizadas con premura, no podían ser secretas. El embajador inglés avisó a su país de que se iba a intentar una conquista absoluta, con los pretextos de la religión, la libertad, la propiedad y un parlamento libre. El embarque comenzó el 22 de septiembre y duró hasta el 8 de octubre, día en el que los Estatutos de Holanda aprobaron la expedición y Jacobo emitió una proclama a la nación inglesa para que se preparara para una invasión holandesa. Sin embargo la flota no pudo partir hasta el 28 de octubre por los vientos del suroeste que azotaban el puerto de Hellevoetsluis. Además, cuando la flota alcanzó mar abierto el viento volvió a ser del suroeste, forzando a muchos barcos a volver a puerto. Finalmente la reorganización de los transportes rezagados llegó el 11 de noviembre. Alcanzaron el Canal de la Mancha dos días más tarde, y aunque la armada inglesa colocada en el estuario del Támesis los divisó en dos ocasiones, no pudo interceptarlos, la primera por el fuerte viento del este y la segunda por una marea muy desfavorable. El ejército holandés desembarcó en Brixham, Devon, el 15 de noviembre de 1688. Fue aclamado con grandes muestras de apoyo popular e incluso hombres locales se unieron a él. La composición de dicho ejército era de unos 16.000 tropas de a pie, y unos 3.000 de caballería, repartiéndose todas estas cifras entre los 14.000 mercenarios holandeses y unos 5.000 voluntarios ingleses y escoceses. Después de desembarcar el viento cambió al sureste, impidiendo a la flota inglesa que los perseguía atacar el lugar del desembarco.

La revolución gloriosa
Dibujo del Principe de Orange por William Miller

Guillermo consideraba que su ejército era suficientemente poderoso para derrotar a cualquier otra fuerza que Jacobo pudiera lanzarle, pero a pesar de eso prefería evitar una batalla, adoptando posiciones defensivas. Él esperaba que el simple desembarco sirviera para colapsar al monarca y que los ingleses aliados del holandés tomasen la iniciativa. Había desembarcado lejos del ejército de Jacobo con esta esperanza, así que se dispuso a avanzar hacia Jacobo lentamente. Incluso había pagado a sus mercenarios tres meses por adelantado, y consideraba que este avance lento le beneficiaba porque no extendería demasiado sus cadenas de suministro. El 19 de noviembre tomó Exeter. A partir del 22 de noviembre, en el norte, muchos nobles empezaron a pronunciarse a favor de Guillermo, como habían prometido. Sin embargo la mayor parte de la población no tomaba partido ni por su Rey ni por Guillermo. Esperaban acontecimientos sumidos en un ambiente de confusión, desconfianza y depresión.

Jacobo rechazó una oferta francesa para enviar fuerzas de apoyo. Reunió a sus tropas más adelantadas en Salisbury, en donde se presentó el 19 de noviembre. La primera sangre se derramó más o menos por estas fechas cuando tropas reales derrotaron a una pequeña partida de exploradores en Somerset, con unas 30 bajas entre ambos bandos. Mientras tanto, en Salisbury, Jacobo se daba cuenta de que, en medio de protestas anticatólicas en Londres, sus fuerzas no estaban ansiosas por combatir, y de que la lealtad de varios comandantes era dudosa. La presión que sentía Jacobo hizo que sangrara por la nariz, lo que él interpretó como un signo de que debía retirar las tropas. Además, el 23 de noviembre Lord Churchill of Eyemouth, uno de sus principales comandantes, desertó y se unió a Guillermo. Peor todavía fue cuando tres días después la propia hija de Jacobo, la princesa Ana, hizo lo mismo. El monarca llegó a Londres ese mismo día.

Reina Anne 1705
Reina Anne 1705

Mientras tanto Guillermo había llegado a Salisbury el 4 de diciembre. Tres días más tarde llegó a Hungerford, donde se encontró con comisionados del Rey para negociar, pero con esto lo único que pretendía Jacobo era ganar tiempo ya que ya había decidido huir, pues no podía confiar en su ejército y de hecho dio órdenes para desmantelarlo. Entre fuertes manifestaciones anticatólicas en varias ciudades de Inglaterra llegó el segundo choque de los dos bandos, el 10 de diciembre en la Batalla de Reading, con unas cincuenta bajas entre ambos bandos y con victoria de los holandeses. Ese mismo día la Reina y el Príncipe de Gales, Jacobo Francisco Eduardo, huyeron a Francia, y al día siguiente lo intentó el propio Rey, tirando el Gran Sello del Reino al río Támesis por el motivo de que ningún parlamento legítimo podría ser convocado sin él, pero fue capturado por unos pescadores en Faversham. Esa noche hubo disturbios por todo Londres y saqueos de casas de católicos y de embajadas de países católicos. La noche siguiente, la del 12 de diciembre, conocida como la Noche Irlandesa, presenció un auténtico pánico de masas ya que se extendió el rumor de un ataque inminente del ejército irlandés sobre Londres, y cerca de 10.000 personas se congregaron para defender la capital, aunque el temido asalto no era más que un bulo.

Principe Jamie Francisco Eduardo Estuardo por Alexis Simon Belle
Principe Jamie Francisco Eduardo Estuardo por Alexis Simon Belle

Jacobo regresó a Londres el día 16 y, curiosamente, fue recibido con vítores por el pueblo. Esto le dio ánimos e intentó retomar el Gobierno, incluso llegó a presidir una reunión del Consejo Privado. Envió a tres comisionados a Guillermo para proseguir con las negociaciones, pero éste ya estaba cansado de la situación. Los devolvió a Jacobo con la petición de que se fuera de Londres porque ya no podía garantizar su seguridad. El 18 de diciembre Guillermo entró en Londres, y fue el día elegido por el monarca para huir escoltado por una guardia holandesa, que llevaba órdenes de dejarle marchar en el caso de que él lo pidiera. Finalmente el día 23 de diciembre Jacobo escapó a Francia con la permisividad de Guillermo, que se ahorró de esa forma una decisión muy difícil sobre qué hacer con su suegro. El 28 de diciembre asumió el gobierno provisional y convocó la Convención del Parlamento, que se reunió el 22 de enero de 1689.

Para el Parlamento la huida de Jacobo significaba una declaración de abdicación, pero la decisión de quién sería proclamado como Rey estuvo muy dividida, ya que los whig radicales querían a Guillermo en el trono, pero los moderados proponían una aclamación conjunta de Guillermo y su mujer María. Por su parte los conservadores querían o bien que Guillermo fuese el regente (reinando en nombre del Rey Jacobo) o bien que María fuese la Reina. Finalmente el 13 de febrero de 1689 María II y Guillermo III accedieron conjuntamente al trono de Inglaterra. Su sucesión al trono fue relativamente pacífica, con el derramamiento de muy poca sangre, motivo por el cual recibe el nombre de la Revolución Gloriosa. Aunque es bien cierto que posteriormente sí que hubo mucha sangre derramada, antes de que la autoridad de Guillermo y María fuese aceptada en Irlanda y Escocia. Pero esto es algo a tratar en el próximo artículo, cuando hable de los Levantamientos Jacobitas.

La Revolución Gloriosa, también denominada como Revolución de 1688 o Revolución Incruenta, se considera como uno de los sucesos más importantes en la larga evolución de poderes poseídos por el Parlamento y la Corona de Inglaterra. Con la Declaración de Derechos se erradicó cualquier posibilidad para una monarquía católica, y se acotaron los poderes del monarca, que ya no podía suspender leyes o crear impuestos sin el permiso del Parlamento. Desde entonces en Inglaterra y posteriormente en Reino Unido el sistema de gobierno ha sido el de monarquía parlamentaria, ganando el Parlamento cada vez más poder a la par que lo perdía la Corona.

A la hora de escribir este artículo me planteaba si de verdad era relevante para el objetivo principal del blog, que al fin y al cabo es hablar sobre Escocia. Es evidente que los hechos tratados en este escrito transcurren en Inglaterra y no en Escocia. Sin embargo creo que el tema es importante, no sólo porque al fin y al cabo desde 1603 los reyes de Inglaterra también lo fueron de Escocia, sino porque la Revolución Gloriosa fue el detonante de los sucesos que ocurrieron después, los Levantamientos Jacobitas, que fueron llevados a cabo principalmente por escoceses, y para entender estas rebeliones es importante conocer los hechos que las motivaron. Si has llegado hasta aquí sólo me queda darte las gracias y esperar que hayas disfrutado con la lectura, y emplazarte al próximo artículo, que como decía tiene una estrecha vinculación con los hechos narrados en éste.

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