La llegada de Angus, el rey del verano en Escocia

Angus rey del verano en Escocia

He de reconocer que disfruté enormemente escribiendo uno de mis artículos anteriores, la reina del Invierno, Beira. Me parece que es una leyenda muy bonita, y traducirlo me gustó especialmente. En este nuevo escrito, que continúa la historia del anterior, conoceremos la lucha entre los reyes del Invierno y del Verano, y las consecuencias que trajo esa lucha para los habitantes de Escocia.

Durante todo el invierno Beira mantenía cautiva a una joven y bella princesa llamada Novia. La reina estaba celosa de la belleza de Novia, y le daba ropa andrajosa, y la ponía a trabajar entre los sirvientes en la cocina de su castillo de montaña, donde la chica tenía que realizar las tareas más humildes. Beira la regañaba constantemente, encontraba fallos en todo lo que hacía, y la vida de Novia era muy desdichada.

Un día Beira dio a la princesa un vellón marrón y le dijo: «Has de lavar el vellón una y otra vez hasta que sea de color blanco puro«. Novia tomó el vellón y salió del castillo, y comenzó a lavarlo en una piscina que se había formado bajo una cascada. Durante todo el día lavó, pero en vano. Le resultaba imposible quitar el color marrón de la lana. Al llegar la noche, Beira regañó a la joven, y le dijo: «Eres una inútil. El vellón es tan marrón como cuando te lo di«. Novia le contestó: «Lo lavé durante todo el día en la piscina bajo la cascada de la Roca Roja«. «Mañana lo lavarás de nuevo«, dijo Beira, «y si por la noche no es blanco, lo lavarás al día siguiente, y todos los días de después. Ahora, ¡vete! Y haz lo que yo digo«. Fue un momento triste para Novia. Día tras día lavaba la lana, y pensaba que aunque siguiera lavando hasta el día en que el mundo llegara a su fin, la lana que era marrón nunca se volvería blanca.

Una mañana, mientras ella estaba enfrascada en su lavado un anciano de barba gris se acercó. Él se apiadó de la princesa, que derramaba amargas lágrimas, y le habló, diciendo: «¿Quién eres tú?, y ¿por qué estás triste?«.

Dijo la princesa: «Mi nombre es Novia y soy prisionera de la reina Beira, y me ha ordenado que lavara este vellón marrón hasta que se volviera blanco. ¡No se puede hacer!”.

«Lo siento por ti«, dijo el anciano

«¿Quién eres y de dónde vienes?» preguntó Novia.

«Mi nombre es Padre Invierno«, le dijo el anciano. «Dame el vellón, y voy a hacer que se vuelva blanco para ti«.

Padre Invierno
Padre Invierno (www.pxleyes.com)

Novia dio a Padre Invierno el vellón marrón, y cuando él lo sacudió tres veces se quedó blanco como la nieve. El corazón de Novia se llenó inmediatamente de alegría, y exclamó: «Querido Padre Invierno, eres muy amable. Me has ahorrado mucho trabajo y te has llevado mi pena«.

Padre Invierno devolvió el vellón a la princesa Novia con una mano, y ella lo cogió. Luego dijo: «Coge también lo que tengo en la otra mano«. Mientras hablaba, le entregó un ramo de campanillas blancas. Los ojos de Novia resplandecían de felicidad al contemplarlas.

Y dijo Padre Invierno: «Si Beira te regaña, dale estas flores, y si pregunta dónde las has encontrado, dile que fue en los verdes bosques de abetos. Dile también que el berro está brotando en las orillas de los arroyos, y que la hierba ha comenzado a crecer en los campos«.

Habiendo hablado así, Padre Invierno se despidió de la princesa y se alejó.

Novia regresó al castillo de montaña y puso el vellón blanco a los pies de Beira. Pero la vieja reina apenas lo miró. Su mirada se posó en las flores que Novia llevaba.

«¿Dónde encontraste estas flores?«, preguntó Beira con una furia repentina.

Respondió Novia: «Las campanillas están floreciendo en los verdes bosques de abetos, el berro está brotando en las orillas de los arroyos, y la hierba está creciendo en los campos«.

«¡Malas son las noticias que me traes!«, gritó Beira. «¡Fuera de mi vista!«.

Novia se dio la vuelta, pero no con pena. Una nueva alegría surgía de su corazón, pues sabía que la temporada del salvaje invierno estaba pasando, y que el reinado de la reina Beira pronto llegaría a su fin.

Mientras tanto Beira convocó a sus ocho siervas brujas, y les habló, diciendo: “Cabalgad al norte y al sur, cabalgad al este y al oeste, que yo lo haré también. Herid al mundo con las heladas y la tempestad, de modo que ninguna flor pueda florecer y ni una brizna de hierba sobreviva. Declaro la guerra a todo lo que crece«. Cuando hubo hablado así, las ocho brujas se montaron en sus cabras peludas y cabalgaron a cumplir sus órdenes. Beira salió también, sujetando con la mano derecha su negro martillo mágico. En la noche de ese mismo día una gran tempestad azotó el océano con furia y trajo el terror a todos los rincones de la tierra.

Ahora bien, el motivo por el que Beira mantenía cautiva a Novia era porque su más bello y querido hijo, que se llamaba Angus el Siempre Joven, se había enamorado de ella. Recibió el nombre de «el Siempre Joven» porque los años nunca le alcanzaban, y durante todo el invierno vivía en la Isla Verde del Oeste, que también se llamaba la «Tierra de la Juventud«.

Angus vio por primera vez a Novia en un sueño, y cuando despertó habló con el Rey de la Isla Verde, diciendo: «Anoche tuve un sueño en el que vi a una bella princesa a la que amo. Las lágrimas resbalaban de sus ojos, y le hablé a un anciano que estaba cerca de ella, y le dije: «¿Por qué llora la doncella?” Dijo el viejo: «Llora porque es prisionera de Beira, que la trata con gran crueldad.» Miré de nuevo a la princesa y le dije: “De buena gana la liberaría”. Entonces me desperté. «Dime, oh rey, ¿quién es esta princesa, y dónde la encontraré?«.

Angus rey del verano en Escocia
Angus rey del verano

El Rey de la Isla Verde contestó: «La bella princesa que has visto es Novia, y en los días en los que serás Rey del Verano ella será tu reina. De esto tu madre, la reina Beira, tiene pleno conocimiento, y es su deseo mantenerte alejado de ella, para que su propio reinado puede prolongarse. Quédate ahora aquí, oh Angus, hasta que las flores empiecen a florecer y la hierba comience a crecer, y entonces liberarás a la hermosa princesa Novia«.

Dijo Angus: «De buena gana saldría ya para buscarla«.

«Febrero, el mes del lobo, ha llegado«, dijo el rey. «Incierto es el temperamento del lobo

Angus respondió: «Voy a lanzar un hechizo sobre el mar y un hechizo sobre la tierra, y pedir prestado para febrero tres días, del mes de agosto«. E hizo lo que dijo que haría. Pidió prestados tres días de agosto, y el océano durmió pacíficamente mientras el sol brillaba sobre montañas y valles. Entonces Angus montó en su corcel blanco y cabalgó hacia el este, hacia Escocia, a través de las islas y del Minch, y llegó a los Montes Grampianos cuando estaba amaneciendo. Iba vestido con ropas de oro brillante, y de sus hombros colgaba su manto real  carmesí que el viento levantaba y agitaba en brillante esplendor.

Montes Grampianos, Escocia
Montes Grampianos

Por todos los lugares buscó Angus, pero no podía encontrar a Novia en ninguno de ellos. Sin embargo, la bella princesa le vio en un sueño y supo que él anhelaba liberarla. Al despertar derramó lágrimas de alegría, y en el lugar donde cayeron sus lágrimas brotaron violetas, tan azules como sus hermosos ojos.

Beira se enojó cuando supo que Angus estaba buscando a Novia, y en la tercera noche de su búsqueda levantó una gran tempestad que le llevó de vuelta a la Isla Verde. Pero él volvía una y otra vez, y al fin descubrió el castillo en el que la princesa era mantenida prisionera.

Llegó el día en el que Angus se reunió con Novia en un bosque cerca del castillo. Las violetas florecían y prímulas de suave amarillo abrían los ojos de asombro al contemplar al príncipe y a la princesa. Cuando se hablaban el uno al otro los pájaros alzaban sus dulces voces en su canto y el sol brillaba justo y brillante.

Dijo Angus: «Princesa hermosa, te vi en un sueño derramando lágrimas de dolor«.

Novia dijo: «Gran príncipe, te vi en un sueño cabalgando sobre las montañas y a través de las cañadas, bello y poderoso«.

Y Angus dijo: «He venido a rescatarte de la reina Beira, que te ha mantenido durante todo el invierno en cautiverio«.

Ella contestó: «Para mí éste es un día de gran alegría«.

Dijo Angus: «Será un día de gran alegría para toda la humanidad«.

Mientras tanto por el bosque llegó una compañía de señoras de las hadas, que aclamaban a Novia como reina y declaraban la bienvenida a Angus. Entonces la reina de las hadas agitó su varita, y Novia se transformó. En lugar de la ropa andrajosa, vestía una túnica blanca adornada con lentejuelas de plata brillante. Por encima de su corazón brillaba un cristal en forma de estrella, puro como sus pensamientos y brillante como la alegría que Angus le trajo. Su cabello castaño dorado, que le llegaba hasta la cintura en relucientes rizos, estaba adornado con hermosas flores de primavera; campanillas y margaritas y prímulas y violetas. Azules eran sus ojos, y su cara tenía la calidez y la blancura de las rosas silvestres de incomparable belleza y tierna gracia. En su mano derecha llevaba una varita blanca entrelazada con tallos de dorado maíz, y en la izquierda un cuerno de oro cuyo nombre era el de «Cuerno de la Abundancia«.

Entonces la reina de las hadas llevó a Angus y a Novia a su palacio subterráneo de verde techo en mitad del bosque. Al dirigirse allí llegaron a un río que estaba cubierto de hielo. Novia puso sus dedos en el hielo, y la Bruja del Hielo gritó y huyó.

Una gran fiesta se celebró en el palacio de la reina de las hadas, que era de hecho la fiesta de bodas de Novia, pues Angus y ella se casaron. Las hadas bailaron y cantaron con alegría, y todo el mundo fue a bailar y cantar con ellas.

«¡La primavera ha llegado!» gritaron los pastores; y conducían sus rebaños a los páramos, en donde tras hacer recuento los bendecían. «¡La primavera ha llegado!» graznó el cuervo, y voló a buscar musgo para su nido. El grajo lo oyó y lo siguió, y el pato salvaje surgió de las cañas, gritando: «¡La primavera ha llegado!«.

Novia salió del palacio de las hadas con Angus y agitó la mano, y mientras Angus pronunciaba hechizos mágicos. Entonces la hierba creció más alta, y todo el mundo elogió a Angus y Novia como rey y reina. Aunque no podían ser contemplados por el resto de la humanidad, eso no importaba, pues su presencia se podía sentir en todas partes en toda Escocia.

Beira se enojó cuando se enteró de que Angus había encontrado a Novia. Cogió su martillo mágico y golpeó el suelo sin cesar hasta que se congeló de nuevo, tan fuerte que ninguna brizna de hierba podría seguir viviendo en su superficie. Ella sabía muy bien que cuando el pasto floreciese y Angus y Novia se hubiesen casado, su autoridad moriría. Su deseo era mantener su trono el mayor tiempo posible.

«¡Novia se ha casado, aclamad a Novia!» cantaban los pájaros. «¡Angus se ha casado, aclamad a Angus!» cantaron también.

Beira escuchó el canto de los pájaros, y llamó a sus siervas: “Cabalgad al norte y al sur, cabalgad al este y al oeste, y librad la guerra a Angus. Yo cabalgaré también«.

Sus siervas montaron en sus cabras peludas y cabalgaron a cumplir sus órdenes. Beira montó un corcel negro y salió en persecución de Angus. Cabalgó rápido y cabalgó firme. Nubes negras recorrían el cielo mientras avanzaba, hasta que al fin llegó al bosque en el que la reina de las hadas tenía su morada. Todas las hadas huyeron aterrorizadas al interior de su verde montículo y las puertas se cerraron. Angus vio cómo Beira se acercaba. Saltó a la grupa de su caballo blanco, levantó a su joven mujer, la colocó en la silla delante de él y huyó. Cabalgó hacia el oeste por las colinas y los valles y sobre el mar, y Beira le persiguió.

Hay un barranco rocoso en la isla de Tiree, y el caballo negro de Beira saltó a través de él mientras perseguía al blanco corcel de Angus. Los cascos del caballo negro hicieron un corte profundo en las rocas. Hasta el día de hoy la quebrada recibe el nombre de «Salto del Caballo«.

Tiree, Escocia
Tiree

Angus consiguió llegar a la Isla Verde del Oeste, y allí pasó días felices con Novia. Pero él ansiaba regresar a Escocia y reinar como Rey del Verano. Una y otra vez cruzó el mar; y cada vez que llegaba a la tierra de los valles y las montañas, el sol estallaba de júbilo y los pájaros cantaban alegremente para darle la bienvenida. Pero Beira levantaba tormenta tras tormenta para ahuyentarlo. Primero llamó al viento que se llama «El silbato«, porque sopla fuerte y estridente, y trajo frío granizo. Duró tres días, y hubo mucha tristeza y amargura por todo lo largo y ancho de Escocia. Ovejas y corderos murieron en los páramos, y caballos y vacas perecieron también.

Angus huyó, pero regresó de nuevo. El siguiente viento que Beira convocó para prolongar su reinado fue el que se llama «Gobag«, frío y afilado. Duró nueve días, y toda la tierra fue golpeada por él, picoteando y mordiendo cada recoveco y rendija como si fuera un pájaro.

Angus volvió, y Beira levantó el viento arremolinado que se llama «La Barredora«. Sus torbellinos arrancaron ramas de los árboles y brillantes flores de sus tallos. Todo el tiempo que estuvo soplando, Beira se mantuvo golpeando el suelo con su martillo mágico a fin de evitar que la hierba creciera. Pero sus esfuerzos serían en vano. La belleza de la primavera sonreía por todas partes, y cada vez que ella se daba la vuelta, cansada por sus esfuerzos, el sol brotaba en todo su esplendor. Las pequeñas prímulas abrían sus pétalos al sol, mirando desde cómodos rincones, a donde «La Barredora” no podía llegar. Angus huyó, pero pronto regresó de nuevo.

Sin embargo Beira aún no estaba del todo sin esperanza. Sus esfuerzos habían traído el desastre para la humanidad. La comida comenzaba a escasear. Los pescadores no se atrevían a aventurarse a la mar a causa de las tempestades de Beira, y no podían pescar. Por las noches Beira y sus brujas entraban en las moradas de los hombres y robaban sus alimentos. Fue una época dolorosa.

Angus tuvo compasión por la humanidad, y trató de luchar contra las brujas de Beira. Pero la feroz reina llamó a otro de sus vientos para contenerlo, que rugió con furia hasta la primera semana de marzo. Los caballos y el ganado morían por falta de alimentos, debido a que los fuertes vientos se llevaban el forraje y lo dispersaban por los lagos y el océano. Sin embargo Angus libró una lucha encarnizada contra las viejas brujas, y al fin las condujo al norte, donde ellas rabiaron furiosamente.

Beira se alarmó mucho, e hizo su último gran esfuerzo para someter a los poderes de la primavera. Agitó su martillo mágico y golpeó las nubes con él. Hacia el norte cabalgó en su caballo negro, rescató a sus criadas y les dijo: «Viajad hacia el sur conmigo, todas vosotras, y sometamos a nuestros enemigos ante nosotras«.

Desde el oscuro norte cabalgaron juntas. Con ellas vino la Gran Tempestad Negra. Pareció entonces como si el invierno hubiese vuelto con toda su fuerza y ​​que viviría eternamente, para siempre. Pero incluso Beira y sus brujas tenían que descansar. En una noche oscura se acurrucaron juntas en la ladera de una montaña, y, cuando lo hicieron, una calma repentina cayó sobre la tierra y el mar.

«¡Ja, ja!» rio el pato salvaje, que odiaba a la vieja. «¡Ja, ja! Todavía estoy vivo, y también mis seis patitos«.

«¡Ten paciencia, bocazas holgazán!«, respondió Beira. «Todavía no hemos terminado«.

Esa noche ella tomó prestados tres días del invierno que aún no habían sido utilizados, porque Angus los había tomado previamente del mes de agosto. Los tres espíritus de los días tomados vinieron hacia Beira montado en cerdos negros. Ella les habló, diciendo: «¡Largo ha sido vuestro cautiverio! Ahora os libero«.

Uno tras otro, en cada uno de los tres días siguientes, los espíritus salieron sobre los cerdos negros. Trajeron la nieve y el granizo y fuertes ráfagas de viento. La nieve blanqueó los páramos y llenó los surcos de la tierra arada, los ríos se desbordaron, y grandes árboles se hicieron añicos y cayeron. El pato fue asesinado, lo mismo que sus seis patitos; ovejas y ganado murieron, y muchos seres humanos fueron asesinados en la tierra y se ahogaron en el mar. Los días en los que estas cosas sucedieron se recuerdan hoy como los «Tres Días del Cerdo«.

Pero el reinado de Beira estaba llegando a su fin. Ella se sentía ya incapaz de combatir por más tiempo frente al poder de la nueva vida que se elevaba en todas las vetas de la tierra. La debilidad de la extrema vejez se apoderaba de ella, y anhelaba una vez más beber de las aguas de la Fuente de la Juventud. Cuando, en una brillante mañana de marzo, vio a Angus por las colinas montado en su corcel blanco, sometiendo a sus feroces sirvientas ante él, ella huyó desesperada. Al huir lanzó su martillo mágico bajo un acebo, y esa es la razón por la que no crece la hierba bajo los acebos.

El negro corcel de Beira voló hacia el norte. Cuando saltó sobre el lago Etive dejó las huellas de sus cascos en la ladera de una montaña rocosa, y el lugar se llama por tanto «Herraduras«. Ella no frenó su corcel hasta que llegó a la isla de Skye, donde encontró descanso en la cumbre de «La Montaña de la Vieja» (Beinn na Caillich) en Broadford. Allí se sentó, mirando fijamente a través del mar, esperando a que el día y la noche fueran de igual longitud. Cuando llegó ese día derramó lágrimas de dolor por su poder perdido, y cuando llegó la noche se dirigió hacia el oeste sobre el mar hacia la Isla Verde. En el alba del día que siguió a ella bebió las aguas mágicas de la Fuente de la Juventud.

Beinn na Caillich y Goir a' Bhlair, Escocia
Beinn na Caillich y Goir a’ Bhlair

En ese día, en el que la noche dura lo mismo que el día, Angus llegó a Escocia con Novia, y fueron aclamados como rey y reina de los seres que no se ven. Viajaron de sur a norte por la mañana y el mediodía, y de norte a sur por la tarde y por la noche. Un viento suave iba con ellos, que sopla hacia el norte desde el amanecer hasta el mediodía, y hacia el sur desde el mediodía hasta el atardecer.

Fue en ese día que Novia metió sus bonitas manos blancas en los ríos y lagos que todavía conservaban hielo. Cuando lo hizo, la Bruja de Hielo cayó en un sueño profundo del cual no podía despertar hasta que el verano y el otoño hubiesen terminado y pasado.

La hierba creció rápidamente después de que Angus comenzara a reinar como rey. Las semillas fueron sembradas, y las personas pidieron a Novia que les concediera una buena cosecha. Al poco toda la tierra era hermosa, con flores de primavera de todos los colores.

En los viejos tiempos, cuando no había calendario en Escocia, las personas daban nombre a los distintos períodos de invierno y primavera, la tormenta y la calma. La historia de la lucha entre Angus y Beira es la historia de la lucha entre la primavera y el invierno, el crecimiento y la decadencia, la luz y la oscuridad, el calor y el frío. Sin duda es mi deseo que esta historia te haya satisfecho, aunque como ya dije una vez, no es mi historia sino que es de Escocia.

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