Los Piratas de Escocia

Bandera Corsaria

Al igual que me ocurría en el último artículo que escribí, Fantasmas de Edimburgo, ya llevo un tiempo queriendo dedicarle un escrito al tema que me ocupa hoy, un tema que me parece bastante interesante. La verdad es que no es una materia demasiado conocida ni tratada en los diferentes artículos que he podido leer para documentarme, así que la dificultad para escribir el artículo es alta, pero aun así pienso que merece la pena.

En realidad es muy difícil establecer en qué época nació la piratería, ya que probablemente esta práctica es tan antigua como la navegación misma. Las primeras referencias históricas de actividades de piratería datan del siglo V a. C., en la llamada Costa de los Piratas en el Golfo Pérsico. Y estas prácticas han perdurado a lo largo de los siglos, tanto que a día de hoy siguen existiendo piratas, como algunas veces podemos ver en las noticias, sobre todo en zonas del sureste asiático o en el Cuerno de África.

Pero el objetivo principal de mi artículo no es tan amplio. Pretendo hablar de piratas y de actividades piratas en la Escocia de la llamada Edad de Oro de la piratería, un periodo histórico que en su definición más aceptada duró desde 1650 hasta 1730. Creo que cuando oímos la palabra pirata automáticamente pensamos en los pertenecientes a esa época, debido a que han sido frecuentemente romantizados en varias novelas y películas, aunque quizás las historias llevadas al cine más recordadas sean las últimas, las de la saga Piratas del Caribe, protagonizadas por un genial Johnny Depp en su interpretación del carismático capitán Jack Sparrow.

Piratas del Caribe

A este periodo pertenece también la conocida como Cofradía de los Hermanos de la Costa, una hermandad de piratas que se situaba en Isla Tortuga, al norte de Haití. Es curioso que el nombre de esta isla se lo dio Cristóbal Colón, que en su primer viaje a América al ver esta isla declaró que una de sus montañas le parecía una gigantesca tortuga. Pues bien, este lugar servía como un bastión para los piratas que surcaban el mar Caribe, creando la referida Cofradía y dictando una serie de normas para todos sus miembros, tales como: no existirán prejuicios de nacionalidad ni de religión; no existirá la propiedad individual; se respetará la libertad individual; no habrán obligaciones ni castigos y se podrá abandonar la Hermandad en cualquier momento; no se admitirán mujeres. En la saga de Piratas del Caribe tanto la Cofradía como la isla son nombradas en algunas ocasiones, y de hecho Isla Tortuga es visitada por Jack Sparrow en una de las películas.

Isla Tortuga

Hay diferentes nombres que se dan a las personas que ejercían actividades de piratería. Los piratas robaban y saqueaban navíos por su propia cuenta por su afán de lucro. Los corsarios eran navegantes contratados por algún gobierno que, en virtud de una patente de corso concedida por éste, capturaban y saqueaban el tráfico mercante de las naciones enemigas de ese gobierno. A lo largo de la historia el límite entre pirata y corsario se ha vuelto muchas veces difuso, ya que algunos gobiernos dieron autorizaciones indiscriminadamente para que auténticos piratas operaran bajo un marco de legalidad. Otros términos relacionados con la piratería son filibustero, que se aplica específicamente a los piratas que actuaban en el mar de las Antillas (Caribe) en el siglo XVII; bucanero se suele asociar a piratas en los mismos términos que los filibusteros, pero con la diferencia de que los bucaneros no desdeñaban las actividades de pillaje en tierra firme, incluyendo el contrabando y la trata de esclavos.

Bandera PirataBandera Corsaria

 

 

 

 

 

 

La época de la gran explosión de la piratería no llegó por casualidad. El derrocamiento en el trono de Escocia e Inglaterra del católico Jacobo VII y II para poner en su lugar a los protestantes Guillermo de Orange y María, yerno e hija del anterior, en la llamada Revolución Gloriosa, provocó lo que algunos historiadores denominan como la segunda Guerra de los Cien Años. Guillermo, que se consideraba el estandarte del protestantismo, quiso combatir la monarquía católica francesa. Por su parte los franceses apoyaron en varias ocasiones los levantamientos jacobitas, una serie de enfrentamientos surgidos en Escocia para devolver a los católicos al trono. En varios de estos levantamientos los escoceses y franceses contaron con el apoyo de la por entonces rica y poderosa España, también una monarquía católica.

Galeones

Durante este periodo cientos de navíos fueron fletados con patentes de corso para capturar y saquear de una forma legal a los enemigos de Guillermo de Orange y de, a partir de 1702, la reina Ana. Así las naciones contrarias quedaban debilitadas. El premio gordo eran los galeones españoles, generalmente cargados hasta los topes de las riquezas que traían de vuelta de sus viajes al Nuevo Mundo o a las Indias Orientales. En los escasos momentos de paz muchas compañías de barcos elegían no regresar al áspero mundo de trabajar como buques mercantes por una miseria, y preferían continuar con el mucho más excitante y lucrativo mundo de las actividades de piratería, en estas ocasiones de manera ilegal.

Quizás el pirata escocés más conocido haya sido William “Capitán” Kidd. Nació en Dundee en 1645, hijo de un marinero que se perdió cuando navegaba en alta mar. Los primeros registros que existen sobre sus actividades de piratería datan de 1689, cuando era miembro de la tripulación de un barco que navegaba por el Caribe. Hubo un motín y Kidd se convirtió en el capitán del navío, y lo rebautizó con el nombre de Blessed William (William el Bendecido). Inmediatamente se puso al servicio del gobernador de Isla Nieves, colonia inglesa por aquel entonces, para proteger a la isla de ataques franceses, pero el gobernador le dijo que no podría pagarle así que le dijo que se cobrara de los botines adquiridos. En 1691 se estableció en Nueva York y se casó con una joven y adinerada mujer, Sarah Bradley Cox Oort. En 1695, el gobernador de Nueva York le pidió que atacara a buques piratas y también a los franceses, algo a lo que Kidd no se pudo negar ya que eso podría ser visto como una deslealtad a la Corona. Se le dio una patente de corso, firmada por Guillermo de Orange, y un nuevo navío, el Adventure Galley. Poco tiempo después, en septiembre de 1696, cuando Kidd se encontraba en el Cabo de Nueva Esperanza, al sur de África, un tercio de su tripulación murió por un brote de cólera, y tras fracasar en el intento de conseguir nuevos tripulantes en Madagascar, se dirigió hacia el Estrecho de Mandeb para llegar al Mar Rojo. Según un informe de la Compañía Británica de las Indias Orientales, atacó a un convoy del Imperio Mongol, en lo que fue su primer acto de piratería pura, sin el respaldo de la patente de corso que obraba en su poder. En los meses siguientes se tuvo que enfrentar a diversos amotinamientos y deserciones, y fue cuando puso en marcha sus famosos castigos, que le dieron una gran fama de marinero sanguinario y cruel.

William Kidd

Pronto empezaron a difundirse los actos salvajes del Capitán Kidd por testigos y prisioneros, y los rumores sobre actos de piratería comenzaron a crecer. Fue por esta época, en enero de 1698, cuando Kidd izó bandera francesa y capturó un fastuoso buque mercante armenio cargado de riquezas, el Quedagh Merchant, cerca de la India. Este navío tenía un capitán inglés y tenía pases franceses. Al darse cuenta de que el capitán era inglés, Kidd intentó convencer a sus hombres de dejar marchar al barco mercante, pero la tripulación estaba embelesada con el oro, plata y ricas sedas que transportaba el barco armenio, y dijeron que si un barco llevaba pases franceses, contaba como francés, así que era perfectamente legal atacarlo. Kidd finalmente accedió para evitar más motines. Sin embargo, cuando estas noticias llegaron a Inglaterra la Comandancia Naval confirmó las previas acusaciones de piratería y ordenó la busca y captura de William Kidd. Éste rebautizó el buque armenio con el nombre de Adventure Prize y regresó a Madagascar con ambos barcos. Allí sufrió un motín, en el que se dice que sólo trece marineros le permanecieron leales, y finalmente les ordenó incendiar el Adventure Galley y regresar al Caribe con el recientemente adquirido, el Adventure Prize. Ya en Nueva York fue cuando se enteró de que era buscado como pirata, así que optó por abandonar el Adventure Prize, ya que sabía que era una presa muy codiciada, y enterrar parte de su tesoro en una isla cercana, la Isla Gardiners.

Isla Gardiners

El gobernador de Boston, Bellomont, tenía una buena relación con Kidd, así que pensaba que si el pirata era juzgado él también podía serlo. Decidió que entregarle sería una buena forma de salvar el cuello, por lo que le invitó a Boston con falsas promesas de clemencia, donde fue arrestado en julio de 1699, y encarcelado junto a su mujer en condiciones insalubres durante un año. Entonces se le trasladó a Inglaterra para ser juzgado por el Parlamento, donde escribió varias cartas al rey Guillermo de Orange pidiendo clemencia, todas ellas rechazadas. Finalmente se le encontró culpable de todos los cargos y fue ahorcado en mayo de 1701. En realidad fue colgado dos veces, porque la primera vez se rompió la horca. Su cuerpo fue encadenado y colgado en el río Támesis, lugar donde permaneció tres años para que esto sirviera de advertencia para cualquier pirata.

Ahorcamiento de Kidd

Las míticas leyendas de tesoros piratas enterrados están basadas en la creencia de que William “Capitán” Kidd enterró su tesoro en la Isla Gardiners. Aunque en realidad el gobernador Bellomont, la persona que le capturó en Boston, desenterró este tesoro y lo envió a Inglaterra como prueba incriminatoria contra Kidd, muchas obras literarias a partir de entonces se basaron en esta famosa leyenda, entre las que sin duda destaca La Isla del Tesoro de Robert Louis Stevenson. William Kidd ha estado presente en diversos aspectos de la cultura popular. Por ejemplo, aparece en varios videojuegos, siendo un personaje en el Sid Meier’s Pirates, o aparece nombrado en una canción de Bob Dylan titulada Bob Dylan’s 115th Dream. También existen varias películas dedicadas a él, destacando la de 1945, El Capitán Kidd, y la de 1954, El Capitán Kidd y la esclava.

A la Edad de Oro de la piratería pertenece también el siguiente pirata escocés del que voy a hablar, Alexander Selkirk. Hijo de un curtidor, nació en 1676 en Largo, en la región de Fife, y desde muy pequeño mostró un carácter rebelde y problemático, a la par que demostraba tener un gran interés por la mar. Sus primeras incursiones en navíos fueron a la orden de bucaneros, pero en 1703 se unió a la expedición al Mar del Sur del corsario inglés William Dampier, sirviendo Selkirk como oficial en el Cinque Ports, al mando de Thomas Stradling. En mayo de 1704 Stradling decide romper con Dampier y actuar por su cuenta, llevando su navío cuatro meses más tarde a la por entonces conocida como Isla Más a Tierra, perteneciente al deshabitado archipiélago Juan Fernández en Chile. La nave estaba por entonces seriamente dañada y Alexander Selkirk tenía serias dudas sobre su reparación, y tras discutir con el capitán Stradling fue abandonado en la isla junto a sus efectos personales. Efectivamente Selkirk tenía razón ya que poco después el Cinque Ports se hundió.

Estatua de Selkirk

La vida de Selkirk en la isla no fue sencilla. Allí pasó cuatro años y medio. Al principio comía marisco y escudriñaba el horizonte desesperadamente para encontrar un navío que le rescatara, pero éste no llegaba. Lo que sí vinieron fueron hordas de estridentes leones marinos porque utilizaban la playa en época de apareamiento, lo que obligó a Alexander a buscar refugio en el interior de la isla. Allí se dio cuenta de que sus condiciones mejoraban, ya que encontró mejores alimentos, incluyendo cabras introducidas por anteriores marineros tiempo atrás, que le proporcionaban leche y carne. Poco a poco se fue adaptando. Forjó un cuchillo con los aros de un barril que estaba abandonado en la playa. Construyó dos cabañas, una para cocinar y otra para dormir. Cazaba con su fusil, pero cuando se le agotó la pólvora tuvo que perseguir a las presas y cazarlas a mano. Las lecciones que aprendió del oficio de su padre le sirvieron en esta isla. Cuando sus ropas quedaron inservibles, se hizo otras con pieles de cabra y usando un clavo para coserlas. Cuando sus zapatos ya no le aguantaron más, no necesitó otros porque sus pies ya se habían endurecido lo suficiente. Le gustaba cantar salmos y leer la Biblia, lo que además de proporcionarle consuelo también le servía para no perder todo el contacto con su idioma natal. Durante su estancia en la isla dos embarcaciones llegaron a anclar allí. Para su desgracia, ambas fueron españolas, por lo que debido a su pasado de corsario escocés no se atrevió a salir.

Su liberación llegó por fin el 2 de febrero de 1709, por la Duke, una nave corsaria gobernada por Woodes Rogers. Curioso que a Selkirk casi lo tomaron por un loco por la extremada alegría que mostró, pero personalmente creo que es algo normal. Rogers por su parte bromeó con él tratándole de gobernador de la isla. El náufrago ayudó a recuperar la salud de varios de los hombres de Rogers, que sufrían de escorbuto. Rogers quedó impresionado por la gran forma física que tenía Selkirk y por cómo había sido capaz de sobrevivir en la isla. Le dio el papel de segundo a bordo de la nave Duke, y posteriormente el mando de The Increase antes de ser capturada por españoles.

Alexander Selkirk volvió a la vida de corsario liberando a ricas damas españolas de la pesada carga de oro y joyas que tenían escondidas en sus ropas cuando las encontró en el actual Ecuador. Participó en la caza de varios galeones cargados de tesoros a lo largo de las costas de México, resultando en la captura del Nuestra Señora de la Encarnación y Desengaño. Finalmente regresó a Inglaterra como oficial de la nave Duke, tras ocho años sin haber visto sus costas. Se había convertido en famoso. Varios escritores y periodistas le realizaron entrevistas y se publicaron artículos sobre él y su vida en la isla en periódicos y libros. Tras algunos meses en Londres su carácter problemático de niño volvió a salir, ya que en septiembre de 1713 fue acusado de agredir a un carpintero, hecho que le valió un confinamiento por dos años. Poco después de pasar este periodo se embarcó de nuevo como oficial en el HMS Weymouth, donde finalmente falleció a causa de la fiebre amarilla frente a las costas de África, el 13 de diciembre de 1721. Fue enterrado en el mar.

La vida de Selkirk sirvió de inspiración a Daniel Defoe para su obra más conocida: Robinson Crusoe. De hecho fue entrevistado por el escritor. Aunque la isla de la novela está en el Caribe y no en el Pacífico, no cabe duda de que el personaje está basado en los hechos reales acontecidos. Tan es así, que en 1966 la isla Más a Tierra, donde Alexander Selkirk habitó cuatro años y medio, fue renombrada como isla Robinson Crusoe, nombre con el que se la conoce hoy en día. También la isla más occidental del archipiélago Juan Fernández fue rebautizada como isla Alexander Selkirk, aunque no fue en ésta donde habitó el pirata escocés, sino en la isla más oriental.

El verdadero Robinson Crusoe

Alexander Dalzeel fue otro pirata escocés. Nació en Port Patrick en 1662, y desde pequeño le encantó la mar. Con tan solo 23 años ya era capitán de su propio barco y tenía seis viajes con éxito en su haber. Su reputación de falta de honradez le sirvió para que en Madagascar se enrolara como oficial en el navío del pirata inglés Henry Avery, el apodado por sus contemporáneos como el Rey de los Piratas. Dalzeel participó en la captura del temible barco mongol Ganj-i-Saway, un enorme buque mercante que montaba 80 cañones y tenía 400 hombres armados con fusiles. Tras este gran asalto el Capitán Avery le dio a Dalzeel su propio barco dentro de la flota del inglés. Sirvió algún tiempo bajo las órdenes del Rey de los Piratas pero finalmente decidió partir por su cuenta hacia las Indias Occidentales. Sin embargo no tuvo suerte en la búsqueda de objetivos a su llegada al Caribe, y lentamente los suministros que había en el barco empezaron a escasear, hasta que llegó el momento que entre la tripulación se extendió el hambre. Fue entonces cuando divisaron un galeón de guerra español. A pesar de que éste estaba fuertemente armado y que el tamaño era muy superior al del barco de Dalzeel, el estado de desesperación del escocés imperaba sobre la razón y dio orden de aproximarse. Aunque el capitán español recibió la noticia de que se acercaba un barco pirata, no lo vio como una amenaza debido a su ridículo tamaño y se retiró a su camarote a jugar a las cartas. Dalzeel dio orden de hacer un agujero en su propio barco, de manera que la única opción que tenían los piratas era vencer. La otra era morir ahogados. Los españoles no se esperaban que de verdad se atrevieran a atacarles y estaban con la guardia baja. El galeón cayó en manos de los piratas en pocos minutos.

Con su nuevo navío Alexander Dalzeel se dirigió a Jamaica, pero allí fue capturado cuando intentaba capturar una flota de doce barcos españoles que transportaban perlas, escoltados por una fragata o barco de guerra. A cambio de su rendición ni Dalzeel ni su tripulación fueron forzados a la esclavitud o a trabajos forzados, lo que era la práctica habitual en la época cuando se capturaban piratas. Años más tarde se alistó con los franceses y se le concedió una patente de corso, así que comenzó a actuar como corsario. Tuvo un éxito considerable en la lucha contra las naciones británicas, hasta que se le capturó en 1712. En Inglaterra fue juzgado por traición y condenado a ser colgado, arrastrado y descuartizado pero recibió un indulto real a instancias del Conde de Mar. Su siguiente acción fue capturar un barco francés y ordenar que se ataran los pies de todos los tripulantes franceses y se les arrojara al mar. Finalmente Alexander Dalzeel fue capturado en Escocia y devuelto a Londres, donde se le colgó el 15 de diciembre de 1715.

Pirata Alexander Dalzeel

El último escocés de la edad romántica de la piratería es John Gow, el pirata de las Orcadas. Nació en Caithness en 1698 pero al año siguiente su familia se trasladó a Stromness, en las Islas Orcadas. Muy poco se sabe de su infancia, pero en 1724 se incorporó a la nave Caroline como segundo oficial. En un viaje desde Santa Cruz de Tenerife hasta Génova el clima a bordo del barco no era nada bueno. El suministro de comida a la tripulación era escaso, y los marineros empezaron a desobedecer órdenes del capitán Freneau. Éste se dio cuenta y tuvo una conversación con su primer oficial en la que hablaron de esconder armas en su camarote por si estallaba un motín, pero esta conversación fue oída por dos de los conspiradores. Además, el capitán dio órdenes a John Gow de esconder esas armas, sin saber que éste era el cabecilla del futuro motín. Esa noche estalló dicho motín, hubo varios disparos en la cubierta y los amotinados degollaron a tres oficiales. Gow disparó al capitán y arrojó su cuerpo por la borda. Al día siguiente el escocés fue elegido capitán del barco y decidió cambiarle el nombre por Revenge (Venganza). En los siguientes meses John Gow se hizo famoso por sus actividades de piratería en el Golfo de Vizcaya, atacando y capturando a varios barcos británicos.

Dibujo de Gol

En enero de 1725 Gow decidió regresar a las Islas Orcadas, al estar quedándose sin suministros y estar las autoridades tras sus pasos. Al llegar decidió hacerse pasar por un honesto y rico comerciante llamado Sr. Smith, cambiando el nombre de su embarcación por el menos agresivo de George, y cortejando a la señorita local Helen Gordon. Pero cuando el capitán de un buque mercante lo reconoció, los rumores de su vida criminal comenzaron a circular. Algunos de sus hombres se aprovecharon de esto para escapar a la parte continental de Escocia, mientras que uno fue a Kirkwall para advertir a los jueces que Gow planeaba atacar a la nobleza local en las Orcadas.

Account of the exploites of Pirate John Gow by Daniel Defoe, Stromness Museum

En vez de rendirse lo que hizo fue atacar el Salón de Clestrain, casa del sheriff de las Islas Orcadas, y con éxito, pero poco después su barco encalló en el Becerro de Eday, una de las islas de este archipiélago, y fue capturado. Gow fue encadenado y llevado a Londres, donde fue condenado a muerte por asesinato y piratería a finales de 1725. De hecho él también fue colgado dos veces ya que cuando uno de sus amigos, debido a que tardaba en morir, tiró de sus piernas para terminar finalmente con su dolor, la cuerda se rompió y se tuvo que repetir el ahorcamiento. Su cuerpo, como el de otros piratas de su época, fue dejado en el río Támesis como advertencia a otros de su calaña. Algunos autores han inmortalizado a este personaje, como el mismo Daniel Defoe, el autor de Robinson Crusoe, que escribió un cuento de ficción titulado El Pirata Gow. También sirvió la vida del escocés como modelo para Walter Scott, escritor al que ya le dediqué un escrito hace algunos meses, al basarse libremente en sus hazañas en la novela El Pirata, aunque bajo el nombre de Capitán Cleveland.

Ejecución de John GowEl Pirata

 

 

 

 

 

 

 

 

Hasta aquí ha llegado el repaso a los piratas escoceses ilustres de ese período histórico conocido como la Edad de Oro de la piratería. Muchos más escoceses actuaron como piratas durante esos años, aunque no siempre como capitanes de navíos sino más bien como parte de las tripulaciones de las muchas embarcaciones que navegaron por los mares en busca de barcos cargados de tesoros, en una vida dura pero sin duda con la esperanza de tener un futuro fácil y cómodo. Es este un tema del que nunca había oído hablar en el tiempo que llevo en Escocia, y a pesar de ello me parecía interesante así que mi esperanza es que también os lo haya parecido a vosotros. Un saludo a todos.

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