Sir Walter Scott, un héroe escocés

Walter Scott en Edimburgo

No puedo iniciar este escrito sin reconocer que no soy capaz de recordar ninguna ocasión en la que el nombre de Sir Walter Scott haya quedado grabado en mi cabeza durante los muchos años en los que he vivido en España. Deben ser varias las oportunidades de haberlo leído o escuchado, ya que se trata de un escritor muy prolífico y valorado, autor de obras tan conocidas como Ivanhoe o Rob Roy, pero me ha debido ocurrir como en tantas otras ocasiones, uno se queda con el título de la obra pero no con quien la crea. Al menos a mí me ocurre a menudo. Pero el nombre de este personaje al que hoy hago referencia ya no se me puede olvidar. Después de un tiempo viviendo en Escocia, tengo que decir que para mí Sir Walter Scott es uno de los mayores héroes nacionales, a la altura de William Wallace o Robert Bruce.

La primera vez que fui consciente de escuchar su nombre fue hace dos años y medio, en el transcurso de una visita guiada por las Tierras Bajas de Escocia. Nos detuvimos entonces en un lugar llamado La Vista de Scott, ya que nuestro escritor paraba a menudo en ese paraje cuando se dirigía a su casa en Abbotsford, debido a su gran belleza. He de decir que merece la pena el alto porque la vista es sin duda muy bonita, a pesar de que aquel día la niebla hizo su aparición y no nos dejó contemplar la hermosura del paisaje en toda su magnitud. El caso es que desde entonces han sido innumerables las ocasiones en que el nombre de Walter Scott ha entrado por mis oídos.

Walter Scott en Edimburgo

No pretendo que este escrito sea una mera biografía de Sir Walter Scott, ya que existen muchas y muy completas en la Red. Más bien espero orientarme hacia una serie de hechos y lugares que guardan gran relación con el escritor y que, a mi juicio, ya son suficientes por sí mismos para viajar a Escocia. Claro está que cuando uno escribe las palabras toman forma por sí solas y bien puede ser que acaben llevándome por donde no pretendo, cosa que intentaré evitar. Aunque es bien cierto que no puedo hablar de Sir Walter Scott sin al menos dar algunas nociones de quién fue este personaje.

Me he referido a Walter Scott varias veces como escritor, aunque más bien debería decir abogado. Nació el 15 de agosto de 1771 en la casa de su familia situada en uno de los estrechos callejones de la Old Town de Edimburgo. Era hijo de un abogado. A los dos años sucedió un hecho que le marcó para toda la vida: sufrió un ataque de polio (enfermedad contagiosa, mayormente infantil, que afecta al sistema nervioso central) que le dejó cojo de la pierna derecha. Y digo que esta enfermedad le marcó por otro motivo, aparte del obvio: fue enviado a la región de los Borders, menos fría, junto con sus abuelos en la granja que éstos tenían en Sandyknowe, en un intento de hacerle mejorar de su enfermedad. Allí aprendió a leer y se instruyó en muchas de las historias y leyendas que más tarde caracterizarían su obra.

Retrato de Sir Walter Scott

Sus problemas de salud fueron constantes a lo largo de su vida, pero esto no impidió su desarrollo personal. Estudió Derecho en la Universidad de Edimburgo, donde tuvo como profesor a David Hume, sobrino del famoso filósofo del mismo nombre (y cuya estatua situada en plena Royal Mile de Edimburgo es tan apreciada y sobada por los estudiantes de esta ciudad para atraer a la suerte). Durante los años de carrera se empleó como ayudante de su padre. Se graduó en julio de 1792, y como abogado realizó su primera visita a las Tierras Altas Escocesas, las Highlands, para ejecutar un desahucio.

Scott era un entusiasta de la literatura, afición que le venía desde los tiempos que vivía en la granja de sus abuelos. Con los ingresos que obtenía ayudando a su padre tomó clases de alemán, francés, italiano y español, y todo ello para poder leer a grandes literatos en esas lenguas, entre los que se encontraban Dante o Cervantes. A los 25 años empezó a escribir como diversión, traduciendo obras del alemán. Su primera publicación fue en 1796, y era una versión rimada de baladas de Gottfried August Bürger. Más tarde, en 1802, publicó tres volúmenes de baladas escocesas, The Minstrelsy of the Scottish Border, lo que fue su primera señal de su interés por la historia escocesa desde un punto de vista literario.

Sir Walter Scott

En la víspera de Navidad de 1797, Sir Walter Scott contrajo matrimonio con Charlotte Carpenter, con quien tuvo cinco hijos. La pareja vivió feliz hasta el fallecimiento de ella tres décadas más tarde. Dos años después del enlace, en 1799, Scott fue nombrado juez de Selkirk. Por tanto en los primeros años de su matrimonio vivían desahogadamente, con los ingresos legales, el salario como juez, y algunas rentas que le daban sus escritos.

Su interés por la literatura fue en aumento, y un poema publicado en 1805, The Lay of the Last Minstrel (Canto del último trovador), le empezó a dar fama. Escribió varios poemas en la siguiente década, siendo quizás The Lady of the Lake (La Dama del Lago) el más popular. Y es aquí donde quiero apartarme por primera vez de nuestro escritor para hablar un poco más de esta obra, no sin antes contar un hecho que no hace demasiado tiempo era desconocido por mí: fragmentos de la traducción al alemán de este poema fueron utilizados por Franz Schubert para componer su conocidísimo Ave Maria.

Quien no ha oído hablar en alguna ocasión de la Dama del Lago. Con este sobrenombre se conoce a Viviane, aquella mujer que fue capaz de enamorar perdidamente a Merlín el Encantador, el mago más famoso de todos los tiempos (con permiso de Harry Potter), haciendo que éste le enseñara todo su poder y siendo capaz de superarle. Pues bien, Sir Walter Scott, en su poema, sitúa a este personaje en el lago Katrine.

La Dama del Lago y Merlin

Qué puedo decir del lago Katrine. He visitado en varias ocasiones este lugar, situado en la región de las Trossachs, y para mí es uno de esos emplazamientos cargados de magia. La sensación de paz que me invade cuando paseo por este paraje es incomparable, y la verdad es que su belleza también me deja sin palabras. El camino que se recorre para acceder al lago, denominado El Paso del Duque, engloba algunos de los paisajes más bellos de Escocia. No me quiero extender más en la descripción del Lago Katrine, debido a que es mi intención dedicarle un futuro escrito, pero he de decir que para mí es una de las visitas obligadas si decides viajar a Escocia.

Lago Katrine, EscociaParque Nacional de Trossachs, Escocia

 

 

 

 

 

Sir Walter Scott alcanzó bastante fama a través de la poesía. Baste decir que La Dama del Lago batió todos los records de ventas en este arte, con 25.000 ejemplares agotados en ocho meses. Este poema fue un éxito obvio de público pero también de crítica. Le siguieron algunos más. Sin embargo Scott deseaba poner en prosa toda la tradición e historia escocesa que había ido recopilando a lo largo de sus viajes por el país. En 1814 se publicó su primera novela, Waverley, que alcanzó tal éxito que a los dos días estaba agotada la primera edición. Sin embargo la publicación se hizo de forma anónima, y aunque no están del todo claros los motivos, bien podrían ser tres los principales: en aquél momento la prosa estaba peor vista que la poesía, y quizás Scott no se quería arriesgar a manchar su reputación de poeta. Tampoco estaría muy bien visto que un juez escribiera novelas. Y finalmente podría ser que quisiera ver la acogida que tenían sus novelas entre el público sin que éste estuviera condicionado por el nombre del autor.

La importancia que tuvo Waverley, novela histórica que se ambienta en el levantamiento jacobita de 1745, se plasma perfectamente en el día de hoy de Edimburgo: la estación de trenes de esta ciudad, situada entre la Old Town y la New Town, recibe este nombre. En efecto, la Waverley Station podrá ser contemplada por cualquier visitante que se dé un paseo por Princes Street o por North Bridge, dos de los lugares más emblemáticos y con mejores vistas a la Old Town de la ciudad.

Estación de Waverley y Monumento a Walter Scott

Durante los cinco años siguientes, Walter Scott publicó varias novelas con ambientación escocesa, y consciente de su reputación como poeta todas ellas llevaban el seudónimo de “Autor de Waverley” o bien “Historias de…”. Aunque entre los más conocedores de su obra poética la autoría de dichas novelas era poco menos que un secreto a voces. Tanto es así que en 1815 fue invitado a cenar con el príncipe Jorge, que quería conocer al autor de Waverley.

Fue durante este periodo, en 1818, cuando se publicó Rob Roy, quizás una de las novelas más conocidas debido a la versión llevada al cine en 1995 y protagonizada por Liam Neeson y Jessica Lange. Por cierto que la película es bastante fiel a la historia original de este otro héroe escocés. No es aquí donde se debe contar cuál es la historia de Rob Roy MacGregor, pero si quiero reseñar que pasó buena parte de su vida escondido en la zona del Lago Katrine, del que antes he hablado.

Película Rob Roy

También he tenido la ocasión de ver el lugar de su sepultura y he de decir que se trata de otro paraje de gran belleza, a unos pocos metros del Lago Voil, y al que se accede a través de una carretera de gravilla. Las palabras “MacGregor Despite Them” (MacGregor a pesar de ellos) son su epitafio. Merece la pena visitar este lugar.

Tumba de Rob Roy

Quiero también nombrar otra novela de esta época, no tan conocida pero que sí me da pie para hablar de otro escenario de ensueño: el Loch Achray Hotel. La novela se publicó en 1819 con el nombre de A Legend of Montrose, y lo interesante de ella para mí es que se basó en paisajes de la zona del Lago Achray para escribirla.

Este lago es vecino del Lago Katrine, mucho más pequeño pero también de una belleza sobrecogedora. Bordea el final del anteriormente mencionado Paso del Duque. En determinado momento al acercarse al final de este camino se puede apreciar una construcción que bien podría parecer un palacio si uno deja volar la imaginación. Se trata del Loch Achray Hotel, en el que Sir Walter Scott solía alojarse y del que decía que era el peor hotel del mundo. Supongo que esto lo divulgaba para que nadie se hospedase allí y poder disfrutar de la tranquilidad y de la magia del paisaje en solitario. En cualquier caso merece la pena verlo, y como he dicho está muy cerca del Lago Katrine. Y es que si uno se decide por viajar a Escocia y visitar esta zona no puede quedar defraudado. En mi opinión, los paisajes son espectaculares.

Lago Achray, Escocia

Su popularidad era tal que en 1818 recibió el permiso del Príncipe Regente, el futuro Jorge IV, para buscar las Joyas de la Corona. The Honours of Scotland, como se las conoce por aquí, son el conjunto de joyas de la corona más antiguos de las Islas Británicas. El cetro, la espada y la corona tienen una larga historia desde el siglo XV, y se han usado en diversas ocasiones estatales. También simbolizaban al monarca británico en el Parlamento escocés, ya que desde 1603 las coronas inglesa y escocesa se unieron y el rey residía en Londres. En 1707 nació el Reino Unido y con ello se disolvió el Parlamento de Escocia y por tanto, las Joyas de la Corona, al carecer ya de su simbolismo, fueron encerradas en un arca en alguna dependencia del Castillo de Edimburgo y casi olvidadas durante más de un siglo. Pues bien, como decía, fue Sir Walter Scott quien tomó la iniciativa y con el permiso del Príncipe lideró una comitiva de investigadores para desenterrar esta parte de la historia de Escocia. Gracias a este descubrimiento se le concedió el título de baronet.

Joyas de la corona de Escocia
Joyas de la corona de Escocia

He contemplado en varias ocasiones los Honores de Escocia. Hoy en día se encuentran dentro del Castillo de Edimburgo, exhibidas junto con la Piedra del Destino. Por cierto que esta piedra, de larga historia, se utiliza para coronar a todos los reyes británicos y por tanto, el día en que un nuevo rey inglés suceda a la longeva Isabel II, dicha piedra viajará a Londres para la coronación y volverá a Edimburgo a los tres días. Del Castillo de Edimburgo en sí podría contar muchas cosas, ya que se trata de un lugar sobre el que reposa una larga historia. Estoy hablando del monumento de pago más visitado de Escocia y que gracias a mi membresía a la asociación Historic Scotland es de libre acceso tanto para mí como para mi mujer. Muchas cosas son las que me atraen del Castillo, entre las que podría destacar el Museo de la Guerra, completísimo, el Cañón de la Una, el cementerio de perros soldados o la Capilla de Santa Margarita, edificación más antigua que ha sobrevivido dentro del castillo, datando del siglo XII. Pero la verdad es que siempre me ha gustado entrar en las dependencias que albergan a las Joyas de la Corona, y es que antes de poder contemplarlas hay preparado un recorrido con imágenes y textos en los cuáles es posible aprender mucho de la historia de estas reliquias. Para mí es bastante curioso y es una de las partes del Castillo que más me gustan.

Y volviendo a nuestro querido escritor, creo que muy conocida también es Ivanhoe, primera incursión de Sir Walter Scott en un ambiente fuera de Escocia, y es que esta novela publicada en 1819, que tuvo también un éxito clamoroso, se desarrolla en la Inglaterra del siglo XII. Le siguieron otras ambientadas fuera de Escocia, pese a lo cual Scott nunca dejó de escribir sobre su querido país.

Uno de los episodios para mí más relevantes de la vida de Walter Scott sucedió en 1822 con la visita del ya rey Jorge IV. Como contaba anteriormente, Scott fue invitado en 1815 por el entonces príncipe debido a la gran admiración que sentía éste por la obra de aquél. Y es que también he reseñado que el escritor de Waverley y otras obras era oficialmente anónimo, sin embargo era un secreto a voces que la autoría pertenecía a Walter Scott (por cierto que finalmente en 1827 lo reconoció). Durante dicha cena, el Príncipe le preguntó a nuestro escritor cómo era posible que tuviera tanta imaginación para describir con tanto detalle esos paisajes y personajes, a lo que Scott le contestó que no era imaginación, que dichos paisajes eran los de su reino, y los personajes eran los escoceses, sus súbditos. Seguidamente le invitó a que visitara las tierras narradas en sus obras.

He de narrar otro antecedente muy importante en esta historia. Como consecuencia de los últimos levantamientos jacobitas de 1746, todo símbolo escocés fue prohibido. Por tanto no era posible tocar la gaita, vestir el kilt (falda escocesa) o hablar gaélico, el idioma natural de estas tierras. Pues bien, como Jorge IV era un monarca muy impopular en Escocia, Sir Walter Scott le sugirió que una forma de empatizar con los súbditos sería lucir el kilt en su visita de 1822. Además le preparó un desfile monumental en el que las gaitas sonaron con más fuerza que nunca. Hay que mencionar que desde 1650 ningún monarca británico pisaba suelo escocés. Por cierto que cuentan las malas lenguas que el sporran, es decir, el bolsito que se lleva colgado al usar el kilt, se sitúa entre ambas piernas debido a que el kilt del monarca era demasiado corto y al sentarse se le podían apreciar las partes nobles, ante lo que sus sastres le propusieron que lo colocara encima de ellas cuando se sentara. Pues bien, la visita de Jorge IV fue un rotundo éxito, la prohibición de los símbolos escoceses fue levantada y la forma de vestir del monarca fue aceptada (ya que el kilt es una evolución de lo que vestían los antiguos escoceses). Por tanto si al viajar a Escocia ves a gente con falda (no se lo digas a ellos, te dirán que la falda la usan las mujeres) o escuchas gaitas mientras paseas, algo por cierto bastante habitual, acuérdate de que esto es gracias a Sir Walter Scott. Aunque no ha ocurrido lo mismo con el gaélico, ya que durante la prohibición de casi un siglo su habla se limitó a lugares recónditos de las Highlands y a pequeñas islas de alrededor de Escocia. Hoy en día hay sólo unos 50.000 hablantes de gaélico y parece ser que el número de potenciales hablantes que nacen cada año es inferior al de los que fallecen.

Jorge IV en su visita a Escocia
Jorge IV en su visita a Escocia

También es muy posible que contemples el rostro de nuestro escritor al ir a pagar un café (o un té, más típico de aquí). En 1826 hubo indignación en Escocia por el intento del Parlamento de suprimir los billetes escoceses. Sir Walter Scott escribió una serie de cartas a la Edinburgh Weekly Journal, bajo el seudónimo de Malaquias Malagrowther, para retener el derecho de los bancos escoceses para emitir sus propios billetes. Esto provocó tal respuesta que el Gobierno se vio obligado a ceder y permitir que los bancos escoceses pudieran seguir emitiéndolos. Y es que en Escocia, hay tres bancos con potestad para hacerlo: Bank of Scotland, Royal Bank of Scotland, y Clydesdale Bank. Esto resulta en la gran variedad de colores y dibujos que aparecen en los billetes escoceses, y a pesar de ello todos son libras esterlinas y de curso legal. Pues bien, decía que puedes ver la cara de Scott al pagar cualquier cosa porque en reconocimiento todos los billetes que emite el Bank of Scotland llevan su rostro.

Walter Scott en un billete de 20 librasWalter Scott en billete de 50 libras

 

 

 

 

Los últimos años de su vida los pasó en una casa que se había construido en Abbotsford. Como comentaba al principio, cuando se dirigía hacia aquí siempre se detenía en un paraje que se ha venido a denominar La Vista de Scott, y es que él decía de este lugar que era el más bonito de todas las Lowlands o Tierras Bajas. Sus caballos estaban tan acostumbrados que cuando llegaban aquí se paraban sin que fuera necesaria ninguna orden de su dueño. Tras su muerte en 1832, el cortejo fúnebre pasó por este rincón y, sin que estuviese preparado, los caballos se detuvieron en una especie de último homenaje a este genial personaje.

Sir Walter Scott (por cierto, vaya apellido más apropiado) es considerado el padre de la novela histórica. Fue una enorme celebridad en su época y tuvo un grandioso éxito en sus libros, siendo ávidamente leídos por lectores de toda Europa. Durante el siglo XX su fama disminuyó, pero eso no quita todo lo conseguido en vida. Resulta curioso, por ejemplo, que durante la Primera Guerra Mundial y después de ella, durante un movimiento para inculcar el patriotismo en los escolares estadounidenses, una de las lecturas obligadas era The Man Without a Country (El hombre sin patria), de Edward Everett Hale. Pues bien, en el clímax de esta obra aparecía un poema de Sir Walter Scott, el ya mencionado The Lay of the Last Minstrel.

Otro ejemplo del respeto que se le tiene a este escritor en este país es el Monumento a Walter Scott. En incontables ocasiones he podido verlo, debido a que entre otras cosas con sus 61 metros de altura es el monumento más alto jamás construido a un escritor. Se terminó 12 años después de su muerte, en 1844. Reconozco que nunca he subido sus 287 escalones, pero parece ser que si lo consigues tienes derecho a un diploma acreditativo. Eso sí, como digo lo he contemplado en numerosas ocasiones, y es que esta torre, al que algunos le encuentran parecido con la de Saruman en El Señor de los Anillos, se encuentra a los pies de los jardines de Princes Street y muy cerca de Waverley Station, visible desde numerosos puntos de la ciudad, tales como la explanada del Castillo o Calton Hill.

Monumento a Walter Scott en Edimburgo

Otro lugar de Edimburgo en el que puedes aprender más de Sir Walter Scott es el Museo de los Escritores, que se encuentra en Lady Stair’s Close, uno de los callejones que sale de la Royal Mile. En este recinto se presenta la vida de los tres más grandes escritores escoceses: además de retratos, obras y objetos personales de Scott, se pueden encontrar también de Robert Burns, que tuvo la osadía de componer un poema al haggis (plato nacional) y que por cierto se recita tradicionalmente en cada casa en la Noche de Burns, el 25 de enero; y de Robert Louis Stevenson, autor de La isla del tesoro o El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Edimburgo ciudad de la literatura

Finalmente me gustaría reseñar, para los cinéfilos, las adaptaciones cinematográficas más famosas basadas en obras de Scott. Éstas son:

  • Ivanhoe (1952)
  • El talismán (1954)
  • Las aventuras de Quentin Durward (1955)
  • Ivanhoe (1982)
  • Rob Roy (1995)
  • Lucia (1998)

Y así llegamos al final de nuestro viaje a través de la vida de este genial personaje. Decía al principio que consideraba a Sir Walter Scott uno de los mayores héroes de la historia de este país, y supongo que si has conseguido llegar hasta aquí entenderás un poco el por qué. Y si no lo consideras tan relevante, al menos te recomiendo que durante tu viaje por Escocia visites alguno de los lugares que he mencionado. Son dignos de ver.

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